29 mayo 2009

Adoptando un ROL

El bullicio en el exterior era impresionante. A pesar de encontrarse en el patio interior del palacete de la familia Degrod, reconocida entre el gremio de comerciantes como la casa más “emprendedora”, las voces del gentío y la música podían escucharse casi como si estuvieran en una balconada que diese a plena calle; por ese motivo alguno de los invitados se despistaba levemente de las conversaciones.

El patio interior del palacio Degrod era una superficie ovalada con varios cientos de metros cuadrados de césped bien cuidado, en cuyo centro había un espacio perfectamente embaldosado con varias estatuas flanqueándolo. Allí estaban sentados a la mesa, tomando algunas pastas con algunas bebidas refrescantes pues la tarde era calurosa, la matriarca de la casa comercial, su hermano, así como dos de los miembros más importantes, ambos también emparentados con la familia. Frente a los comerciantes se sentaban M’Kar: un erudito en historia y Velios, un joven fogoso, su aprendiz. Alrededor de éstos, indudablemente iban y venían, según las necesidades, toda clase de criados.

- ¿Han pensado en nuestra petición? – Preguntó con notable nerviosismo M’kar.
- Así es y, realmente, ¿en qué puede beneficiar a la casa Degrod vuestra expedición?- Contestó con gelidez Danma, la matriarca.
- ¿En qué?- El maestro daba vueltas a su gorro de lana entre las manos. Ya había expuesto demasiadas veces el interés que su expedición en busca de la “Antigua Biblioteca” podía beneficiar a cualquiera de las casas comerciales.
- ¡Está bien!- Exclamó Velios levantándose y apoyando las manos sobre la mesa- Maestro M’Kar ya le dije que habríamos de haber escuchado primero a los Febriss. Creo que aún estamos a tiempo.

M’Kar miró sorprendido a su pupilo, notándose bastante fuera de lugar. Aquella reacción por parte del joven le había resultado por completo imprevista y, lo que todavía le era más curioso es que se había levantado, dispuesto, extrañamente a seguir la idea del muchacho.

- ¿Marcelo Febriss está interesado en vuestra oferta?

La voz provenía del hermano de Danma. En su tono se apreciaba la incredulidad pero sus ojos se notaban ávidos. Los hermanos intercambiaron un sutil juego de miradas y la matriarca hizo un gesto a uno de los criados que estaba allí sosteniendo una bandeja con algo oculto por un paño dorado.

Danma tomó el pequeño cofre, de madera con detalles en oro y plata, sobre la bandeja y abriéndolo lo acercó a los dos hombres mostrando un montón de gemas y piedras preciosas.

- ¡Esto será más que suficiente!

M’Kar y Velios se quedaron boquiabiertos, frente a ellos tenían una pequeña fortuna. Desde luego habían esperado conseguir unos pocos fondos para su investigación pero aquello sobrepasaba sus expectativas.

- Desde luego- Se apresuró a añadir el erudito recomponiéndose de la sorpresa.

Uno de los otros dos hombres tomó un pliego de pergamino, una pluma y un tintero. En la final piel se encontraba escrito un contrato. M’Kar lo leyó despacio antes de firmarlo.



M’Kar no podía dejar de mirar el pequeño cofrecillo lleno de riqueza. Hacía más de dos horas que él y Velios habían dejado la casa Degrod.
- Ha dado buen resultado- Le indicó el joven mientras metía la cabeza en una tina llena de agua tibia. Cuando la sacó su pelo se notaba más rubio y menos castaño oscuro.
- Sí, creo que sin lugar a dudas la del maestro y el pupilo que quieren organizar una expedición para hallar los tesoros del conocimiento, es nuestra mejor representación.

M’Kar tenía ante sí, sobre la mesa, un pequeño bigote y una perilla que había estado luciendo en las últimas semanas, las gafas de metal gastadas y de gruesos cristales también estaban en la mesa. Unos minutos después ambos hombres lucían un aspecto totalmente diferente y, desde luego ya no era uno mucho mayor que el otro.

- Tendremos que cambiar de representación.
- Sí maestro M’Kar- Respondió con sorna el otro- Por suerte tendremos tiempo para crear los personajes y aprendernos nuestro papel.
- Desde luego, el botín de hoy ha sido excelente...


Para Kaledon con mucho cariño

28 mayo 2009

¡Yo no sé...

...Qué pensar!

Me gusta, he de reconocerlo, observar el comportamiento de las personas. Aunque pensándolo mejor debiera decir: "LOS COMPORTAMIENTOS", ya que suele haber más de un tipo en el mismo elemento "ser humano".

¿Por qué? Porque la teoría dice que el conocimiento es "Poder". En el caso concreto poder discernir qué está pensando realmente esa persona, poder saber qué quiere decir en realidad y, así, un largo etc.

No obstante estoy descubriendo que cientos de veces teoría y práctica no se corresponden y que, aún más, resulta casi imposible extrapolar de un caso a otro. Ya me he encontrado demasiadas veces, en los últimos tiempos especialmente, con incoherencias e irregularidades en los supuestos patrones. Siempre había pensado que generalizar era posible al mismo tiempo que no debía hacerse ahora no estoy seguro.

Ahora bien, lo que sí que sé, es que si generalizas te equivocas y si no lo haces también. Así que digo y repito: ¡Yo no sé qué pensar!

25 mayo 2009

¡!

1 A.M. Miércoles 23 de Mayo del 2009 ¿Qué puede pasar a esas horas cuando la madrugada comienza a avanzar intentando alcanzar a la mañana? Nadie lo sabe en realidad, lo único cierto es que "pasan cosas".

Lucas no podía dormir, tal vez por el calor, tal vez por los nervios o, posiblemente por ambas cosas y, seguramente, tantas otras de las que no se daba ni cuenta; así que se levantó y fue al cuarto de baño para echarse un poco de agua en la cara para relajarse y refrescarse un poco.

El agua salía calentorra del grifo al principio, pero poco a poco comenzaba a ponerse algo más fresca, aunque tampoco demasiado. Lucas situó las manos con las palmas juntas y hacia arriba como formando un cuenco, llenándolas de agua que acto seguido se lanzó contra la cara. El líquido fresco pareció quitarle algo del calor que sentía y alivió un poco la sequedad en la boca cuando algunas gotas discurrieron sobre los labios.

A pesar de que la luz del baño estaba apagada Lucas podía ver su reflejo sobre el espejo sobre el lavabo a causa de las luces del exterior a través de la cristalera semiopaca. Aunque su imagen no era clara del todo se veía lo suficiente como para distinguir las formas generales de su cara. Se quedó mirando los ojos un tanto más oscuros de lo normal, que resaltaban entre la penumbre del reflejo.

Sin saber porqué ver su reflejo de aquella forma comenzó a llenarle de cierta angustia y congoja. Una pregunta arrasó con cualquier otro pensamiento en su cabeza y, acto seguido Lucas se encontró golpeando con el puño la plateada superficie de cristal. El espejo se fragmentó en un montón de pedazos que saltaron por todas partes llenando el suelo de cientos de esquierlas reflectantes en las que se veía un Lucas desde muy distintas posiciones.

Algunas gotas de sangre comenzaron a fluir de la mano dejando pequeños caminos carmesís sobre el antebrazo hasta caer al suelo. Los cortes no eran graves ni dolorosos, o al menos no le dolían, por lo que Lucas ni se percató de estar sangrando. Simplemente se sentó en el borde de la bañera un poco conmocionado por lo que acababa de hacer.

Su vista se fijaba en un único fragmento sobre el suelo, pero cientos de pequeños y deformados Lucas le devolvían la misma mirada fija ¡Y entonces lo comprendió! Él era uno de esos fragmentos, únicamente uno de ellos, pero para nada el todo que supuestamente había estado contemplando tan sólo unos instantes antes.

¡Comprensión! Le había llegado mediante un acto destructivo que en sí mismo había creado otra cosa siguiendo el principio inmutable del cambio de estado, del mantenimiento de la energía. Lo que él sabía inconscientemente y le llevaba quemando las entrañas desde hacía meses, acababa de serle revelado. Todas y cada una de las personas era únicamente un fragmento del todo que debían ser. ¡Sólo uno!

20 mayo 2009

¡El Porqué!

Creo que ya he descubierto el motivo por el que me gusta escribir o por el que hago amagos de plantearmelo en serio, lo cual me lleva a una serie de preguntas nuevas y a una cadena de respuestas para cuestiones que aún ni siquiera me he planteado.

Lo cierto es que de pequeño tenía muchas y grandes ideas, mis aficiones se "contaban por miles" y era capaz de llevarlas todas más o menos para delante. ¡Qué decir? Mi máxima era la "Del Hombre Renacentista", la idea del ser formado en todas las áreas de conocimiento: biología, matemáticas, física, filosofía... Pero lo cierto es que en este momento estoy lejos de mi "prototipo" y creo que ya no me es posible alcanzarlo, aunque eso signifique, curiosamente, no ser capaz de alcanzarme a mi mismo.

¿Y qué tiene que ver eso con la escritura? Sencillo: Escribiendo puedo "vivir" las vidas que me harían falta de alguna manera para llegar a ser el conjunto de todas las facetas que debiera tener mi persona para acercarse más al concepto de TODO que al de "fragmento perfilado por las posibilidades tomadas o, no tomadas" según prefiramos un enfoque más o menos "optimista".

18 mayo 2009

Eco, eco, eco...

Es curioso como algunas cosas están ahí agazapadas en algún rincón de la mente para surgir cuando menos lo esperamos. Un recuerdo olvidad, inexistente que está esperando una señal para surgir inadvertido hasta que es demasiado tarde ya para refrenar ese momento inscrito en nuestra memoria.

El otro día un amigo me recordó "algo" que no es que hubiera olvidado, obviamente, pero sí que no tenía presente desde hacía algún tiempo. Lo curioso es que se han sucedido una serie de acontecimientos fortuitos en un periodo de tiempo realmente breve que le han ido haciendo ganar fuerza y, lo curioso es que no han sido cosas que precisaran de esa primera chispa para que al verlas reparara en ese recuerdo puntualmente.

Digamos que como cuando gritas en una caverna, el sonido desaparece y después de un largo rato regresa con asombrosa nitidez ampliado por las paredes de roca.

14 mayo 2009

Eterna pregunta...

¿Qué habrá sido de...?

El KERS

Llevo ya unos días viendo la "fórmula 1" de esta temporada y lo cierto es que no me había dado cuenta de una cosa hasta hace unos pocos días. Me había pasado desapercibida incluso durante la anterior cuando se decía que este sistema iba a ser adoptado por los monoplazas. Lo de KERS, para los que no lo sepan, viene de unas siglas en inglés que vienen a significar: "Kinetic Energy Recovery System", pero no entraré en más detalle sobre este "cacharro" ya que esto es un "egopost", como tantos otros.

¿Y qué tiene que ver el KERS de los Fórmula 1 conmigo? Pues nada al mismo tiempo que mucho. Me hallaba el otro día en mi habitación ordenando cientos de papeles acumulados durante mis 11011 años de existencia cuando empecé a encontrar cosas a las que me dedicaba de vez en cuando: dibujar y escribir. Cosas que por cierto no hacía mal, pero siempre me ha faltó dar el salto de dedicación para pasar el umbral de calidad. Ahora ciertamente de dibujar "nanai" puesto que lo he ido dejando, gracias a dios no así ha sido con la escritura, que se me da igual de bien; pero que he de comenzar a hacer algo por ella si quiero progresar.

¿Y el KERS con mis dotes pictóricas o lingüisticas qué? Pues tiene que ver desde el punto de vista de las "dotes" o "cualidades" que tenemos. Y aqui llegamos al punto en cuestión que me ha llevado a darme cuenta de que he escogido tremendamente mal mis opciones y, lo peor es que lo sabía pero me hice el sordo. Entre escritos y dibujos no encontré, pero sí recordé, un trabajo que había hecho para la clase de Tecnología allá por 3º de la ESO (sí, ese fue mi primer año de ESO, ya que pasé del maravilloso 8º de E.G.B. a la E.S.O.) como tantísimos otros niños españoles de aquella época.

¡El KERS no es nada nuevo! ¿Y por qué digo esto? Pues porque se lleva un montón de tiempo estudiando sobre él y la idea desde luego es antigua, tanto, tanto que un chaval de 14 años, bueno, en realidad 15 hizo un trabajo sobre "movimiento perpetuo teórico" ya que pensó en un coche electrico acoplar una dinamo (o un propio sistema de alimentación desde la corriente de autoinducción generada por los campos magnéticos y la bobina del motor) para cargar unas baterías y conseguir así "un movimiento perpetuo" que en realidad y dado que existen las leyes de la termodinámica y el rozamiento, no era posible, pero sí que se podía extrapolar que se podía aumentar la autonomía del vehículo o, al menos la potencia en momentos determinados gracias a su propio movimiento (es decir transformar la energía cinética, esa de las siglas K.E. en otra) Pues que bien por ese chaval ¿dónde está ahora? Pues muy sencillo desaprovechando todos los "dechados" que tenía a su disposición porque este trabajo que os he detallado someramente es sobre el que estaba pensando en el párrafo de arriba. Y lo más gracioso de todo eso es que el trabajo que presenté en Tecnología sobre ese tema estaba rumiado desde antes del instituto.

En fin, que todo esto me ha hecho plantearme ¡Qué demonios quiero hacer con mi vida? A lo que aún no tengo la respuesta pero sí que sé que desde luego no soy lo que he estudiado lo mire por donde lo mire y por mucho que me flipen algunas cosas de dichos estudios. Lo sabía de antes, lo intuia, pero ahora tengo la certeza.

Resumiendo, que va siendo hora ya sí de irme a la cama, el sueño por fin me vence (En realidad no lo hace, no me llega con ninguna facilidad el jodido en esta semana, pero bien que me cuesta levantarme por las mañanas) ¿Alguien tiene una brújula que indique el camino que hemos de seguir para nosotros mismos?

13 mayo 2009

Las Casualidades...

Poco antes de acostarme se me ha ocurrido buscarme en "Google" (Pronunciado por los puristas como "Guugel") sin querer le he dado a imágenes y cual ha sido mi sorpresa al descubrir que también salen algunas. Sí, me refiero a una busqueda del tipo nombre+apellidos todo encerrado entre comillas. Ésta te lleva hasta algunas "pictures" del Facebook.

¿Y cuál no será la casualidad que entre ellas las hay de un tipo y de otro? La cuestión es que en los últimos días me han recordado (aparte de lo que mi mente sin olvidos es capaz por sí misma) de mi concepto definido como ¿ella? El cual en verdad está muy muerto desde Julio del año pasado, aproximadamente por el 4 de Julio. En realidad es sin ninguna aproximación, sino que directamente es así, justo a partir de ese día y, tal vez podríamos concederle la fecha al entierro el día 2 de Septiembre. Por supuesto hablo del 2008.

¿Y qué? Pues simplemente los dimes y diretes, las cosas que se suceden y traen de nuevo sonidos en las arcas de los vientos, que más bien resultan ser ecos de algo que olvidamos, me llevan a preguntarme por un montón de cosas. El problema del asunto es que no son unas preguntas cualesquiera sino que son de esas que tienen "difícil solución" por no decir que ninguna. Cosa que ciertamente se ajustaría más a la realidad.

Así pues me voy a ir "calentito" mentalmente hablando a eso que algunos llaman cama, otros piltra, otros dominios de morfeo y así hasta cientos de símiles que rondarán por vuestas mentes, aparte de otras muchas cosas evocadas por lo de "calentito"; pero por favor no os confundaís que me refiero al "calentito" del niño al que acaban de zurrar en el culo con las zapatillas de estar por casa, más conocido como "Arpalgata" (Ojo que la palabra correcta es: Alpargata)

En fin, las cosas que tiene acordarse de "ciertas cosas".

Cosas que pasan...

Siempre me había considerado una persona cabal, incluso tal vez en exceso demasiado centrada, por lo que nunca me habría imaginado haciendo lo que hice dos semanas atrás. Y seguramente si le preguntaras a cualquiera de los que me conoce, o haya conocido en algún momento, te diría rotundamente que: “yo no habría hecho eso”. Pero parece ser que esta vida no se cansa de enseñarme que nunca podemos estar seguros de nada.

Todo empezó en Octubre del año pasado, ahora estamos en Junio, así que han pasado unos cuantos meses desde el comienzo. El detonante fue una carta de mi amigo Ismael, al que no veía desde hacía más de tres años y con el que había perdido el contacto completamente (ni siquiera nos intercambiábamos emails) durante el último año. He de decir que me sorprendió recibir la misiva (había cambiado de domicilio hacía pocos meses) tanto como me alegró. El sobre se apreciaba gordo y ajustado, no haciéndome falta abrirlo para saber que me iba a encontrar un buen número de folios. ¡Un montón!, todos llenos con la menuda y garbosa letra que, a pesar del tiempo pasado, conocía a la perfección ya que fueron muchos años codo con codo en los pupitres, primero del instituto y luego de la facultad.


Recuerdo que abrí la carta con rapidez nada más entrar por la puerta, pero no pude leerla de inmediato ya que Atreyu, mi perro San Bernardo, acaparó toda mi atención lanzando su pesado cuerpo contra mi persona en un cariño-súplica por la comida. El gordo de mi perro es un maniático de las horas, cuando no le doy de comer o lo saco a pasear a la hora que está acostumbrado, se pone de lo más pesado. Así que la carta cayó encima de mi escritorio junto a mi portafolios y la mochila para el portátil.


No volví tener noticias del sobre a reventar de folios, hasta una semana después, al estar enterrada bajo un montón de páginas, apuntes, libros y cientos de tareas pendientes. Aún me cuesta creer que estando ya tan informatizados sigamos gastando papel como lo hacemos. Incluso diría que ahora gastamos aún más. Así que, aprovechando la tarde libre del sábado, me repanchingué en mi silla de respaldo alto, ergonómica y perfectamente regulable, y comencé a leer ávido por las noticias de mi desaparecido amigo. En las primeras líneas decía las cosas típicas: “¿Cómo estás?, ¿Qué tal el trabajo?, espero que todo vaya bien” y todo así por el estilo. Pero llegando a la segunda página todo comenzó a ponerse más extraño, si realmente no lo conociera tan bien habría pensado que no estaba muy bien de la cabeza. Yo ya conocía aquella faceta suya de apertura a los demás, que resultaba a veces muy, muy dura, que asustaba; y de idealismo. Porque sí, mi amigo Ismael siempre había sido un idealista para algunas cosas y siempre un poco incomprendido, incluso por sus amigos. Aunque en el fondo lo entendíamos mejor de lo que nosotros mismos éramos conscientes. Todo aquel montón de letras escritas a partir de la segunda página y que eran tan extrañas se podían resumir en: “Pronto tendré que pedirte un favor muy importante para mi”; pero en ninguna parte me decía el qué, aunque por todo lo que me contaba y, dado que habíamos compartido un montón de años y vivido muchas experiencias juntos, mi subconsciente sí se comenzó a hacer una idea.


La revelación sobre lo que quería mi amigo llegó casi tres meses después, bastante pasado el año nuevo, en realidad, en la segunda quincena de Enero. Ésta se produjo, primero con una llamada de teléfono y después con otra nueva carta. La llamada fue de la hermana de Ismael para darme la terrible noticia de que había muerto. He de reconocer que me tomó completamente por sorpresa y no fui capaz de articular ninguna palabra hasta casi un minuto después. Que Ismael hubiera muerto me resultaba increíble y más por aquel motivo, aunque ciertamente tenía sentido. El pobre había desarrollado cáncer de hígado que, al serle detectado tardíamente, se extendió a otras partes del cuerpo. El tratamiento fue quimioterapia, pero no funcionó y por desgracia se encontraba muy desarrollado y arraigado, además de ser un tumor maligno. O sea, que o la “quimio” acababa por funcionar o le quedaba poco tiempo de vida, unos meses, como mucho un año. Pero ese poco tiempo, según me comentó Lucía, la hermana, se había convertido en tres años y unos cuantos meses. Tras hablar con Lucía y enterarme de todo lo ocurrido me sentí fatal ya que empecé a ajustar cuentas y perdí el contacto con Ismael precisamente cuando le diagnosticaron el cáncer. Nunca me hubiera imaginado que fuera por algo así. No pude evitar, y realmente aún lo hago, pensar que fui “un dejado” y abandoné a mi amigo. La palabrería extraña de la primera carta cobró un claro sentido cuando el destino de Ismael fue puesto en mi conocimiento.


El entierro fue en nuestra ciudad natal, por lo que tuve que realizar un largo viaje, pero era lo menos que podía hacer. Acudí al mismo por los familiares ya que Ismael siempre bromeaba que cuando muriese, si nosotros moríamos antes él lo haría, lo que debíamos hacer era irnos a aquel pub de la época de la facultad y beber una pinta a su salud. Eso fue lo que hice en cuanto terminó el servicio y los familiares comenzaron a dispersarse. Sin las palabras de la primera carta me hubiera sentido decepcionado al ver que yo era el único amigo de Ismael de “nuestro grupo” en el entierro, pero de alguna forma me había advertido. Más tarde, por Lucía me enteré de que él, expresamente indicó que me avisaran únicamente a mí.

Cuando volví a mi casa encontré una nueva carta de mi difunto amigo y, me maravillé, al mismo tiempo que me entristecí enormemente. En esta ocasión era más comedida, solamente dos folios en los que ya sí, por fin me especificaba “aquel favor que me pediría”. Tuve que leerla dos veces porque no me creía lo que me ponía, lo que quería, pero luego recordé quien era Ismael y la sorpresa, el quedarme atónito, se quedó fuera, al otro lado de la puerta, en la escalera.

Febrero, Marzo, Abril y Mayo se sucedieron rápidamente antes de tener la posibilidad de poder hacerle aquel último favor a mi amigo, en algún momento (realmente a cada uno de ellos) pasaba por mi cabeza que: no podría hacérselo y que aquello era una locura de las de estar mal de la cabeza; pero no podía dejar de decirme a mi mismo que ojala todas las locuras de los seres humanos fueran como aquella, como la de Ismael y como la mía que le seguía, curiosamente me descubrí haciéndolo no porque me diera pena, o porque pensara que se lo debía, sino porque estaba convencido de que tenía razón y que ¿por qué no se podría hacer? Tardé en darme cuenta de que uno de los motivos por los que me habló en la primera carta tan raro, tan extraño, fue para intentar no influir ni con sus palabras, ni con su estado, ni con su inminente defunción, en mi decisión de llevar a cabo aquella última petición, aquel último deseo.


Finalmente allí estaba yo, preparado para a partir del seis de Junio, hacer aquella locura y, curiosamente, todos los preparativos, todo el artificio no sirvió para nada, sino que todo sucedió, en cierto modo por casualidad. Fruto del azar me vi “forzado” a adelantar mis planes para “forzar” la casualidad. Ya sé que aún no os he dicho en qué consistía aquel favor, pero tenía que ser un poco enigmático para ser fiel a mi amigo. Como alguno habréis supuesto el favor estaba relacionado con una mujer, o puede que no lo hayáis hecho. Lo cierto es que Ismael, en la época del instituto estuvo profundamente enamorado de una chica, ¿quién no lo ha estado?, ¿quién no ha sentido ese primer amor? Y, ¿quién no lo ha olvidado ya aún cuando se acuerda levemente de él? El pobre nunca llegó a nada con aquella chica, ni siquiera algo de amistad, lo cierto es que fueron compañeros de clase, por decir algo, un año, después cayeron en clases separadas. Una vez, cuando ya se acercaba el final del instituto, si no me falla la memoria sería a principios de Mayo, Ismael se me acercó a la salida y me pidió que nos fuéramos a tomar algo los dos solos. Esa fue la primera vez que se sinceró completamente conmigo. Me contó lo vacío que se sentía, parte de sus sueños, de sus deseos, de sus metas, centrándolo en como veía el la amistad, las relaciones entre las personas y en especial eso que llamamos amor. He de reconocer que en un principio se me pasó por la cabeza que precisaba ayuda sicológica, puede que así fuera, pero con el paso de los años, de tratarlo más y, conocerme más a mi mismo, a él y a otra gente; me encuentro más cerca de compartir su visión que de no hacerlo, de saber que estaba completamente sano, tanto en su mente como en su corazón y que por suerte o por desgracia, no se había mancillado con el paso de los años; motivo por el que resultaba tan raro y asustaba a veces. Esa vez me comentó que estaba seguro de que nunca se olvidaría de aquella chica y, he de decir que no exageraba, siempre la recordó con una especie de cariño obsesivo. Aunque con el tiempo el recuerdo iba quedando más lejano, pasaban otras mujeres, pero de alguna forma siempre la tenía ahí. Y también que una parte de él esperaba que ella se acordara aunque fuera de pasada de él. Incluso quería pensar, aunque decía que sabía que no (y tristemente tuvo razón), que sus caminos se volverían a cruzar. Ya os he dicho que estaba preparado para hacerle aquel favor y que todo se precipitó. El destino quiso que, por alguna extraña circunstancia de la vida, el primo de un amigo, de un amigo, hubiera entablado amistad con la chica aquella (ahora toda una mujer, preciosa por cierto) hacía aproximadamente año y medio. Coincidí con ella en una fiesta de mi amigo pero no le di más importancia, realmente ni la había reconocido, pero al final de la noche acabamos hablando y llegando a nuestra época del instituto donde nos dimos cuenta de que nos habíamos conocido antes. Como suele ser normal en estos casos intercambiamos el número de teléfono, el correo electrónico, y quedamos en llamarnos para tomar un café. Un ejemplo de un ritual que hacemos estúpidamente ya que mi experiencia dice que sólo el 1% realmente tiene intención de volverse a ver, una pena ya que yo pongo siempre todo mi empeño, pero también es cierto que cada vez menos fruto de muchas desilusiones a lo largo de los años (y es algo que no entiendo, si no quieres no digas que sí quieres, pero bueno, una muestra más de la absurda conducta humana) Por todo esto, me encontré con que el día tres, un bonito viernes, era el cumpleaños de este amigo que tenía un amigo que estaba en contacto con aquella mujer, el amor del instituto de mi amigo, y que por lo visto iría.

La fiesta estuvo bien, primero salimos de tapas los amigos más cercanos y luego, más tarde, todo el grupo, primero de pubs y después de discotecas. Me costó un rato mentalizarme para decir lo que tenía que decir, para llevar a cabo el favor. Por más que me había intentado autoconvencer y prepararme, ahora que estaba cerca, que llegaba el momento de hacerlo, me fallaban las fuerzas y la voluntad, pero de nuevo las cosas discurrieron para que pudiera llevar a cabo mi misión. Hacia el final de la madrugada nos quedamos solos, ella iba a coger un taxi para volver a casa y yo me ofrecí a llevarla, ya que me pillaba de camino, eso dije al menos, y era completamente mentira. Tardamos media hora en llegar ha su portal y entonces aquel era el momento. “¡Te voy a decir una cosa!” Dije poniéndome muy serio y mirándola fijamente, ella me devolvió la mirada (estoy seguro de que no se esperaba lo que solté a continuación) “¿Te acuerdas de Ismael?” Dudó un poco antes de contestar un poco sonoro “Sí, claro… ¿Cómo está?”. “Bien, bien lo vi hace poco” (¡Cuántas mentiras en tan poco rato! Pensé para mi mismo en ese momento) “No te olvida y aún te tiene en su corazón” Me costó horrores pronunciar aquellas palabras y más viendo el rostro de ella, entre sorprendido y asustado. Sin decir nada se bajó del coche y cerró la puerta. Se alejó con paso rápido y desapareció a los pocos segundos tras la puerta del portal. Yo me quedé aún unos minutos con el motor en marcha un tanto traspuesto. Luego arranqué mientras pensaba “Ya está hecho”.

Habían pasado tres días desde la confesión de mi amigo a través de mis labios cuando recibí una llamada, era ella: “Hola”, dijo con un tono nervioso. “Hola” respondí yo, imagino que con igual tono, se notaba cierta tensión. “Me parece un poco fuerte lo del otro día” Prosiguió ella. “Ya me imagino” le contesté. “Pero ¿sabes qué?, podríamos tomarnos ese café que dijimos hace un año o más y… Dile a Ismael que se venga”. Aquellas palabras me pillaron por sorpresa, fueron alegres (y también muy tristes) por lo que tardé un poco en reaccionar y responder un poco creíble: “Está bien, ya le llamaré y te llamo ¿vale?” “Vale, adiós”. Contestó y colgó.

Me quedé unos minutos (una hora o más realmente) tendido en el sofá sin saber qué hacer o qué decir. En mi mente y mi pecho se agolpaban pensamientos contradictorios. Había hecho lo que Ismael me había pedido, llevar el recuerdo que tenía hasta más allá de la muerte, entonces, ¿por qué me sentía tan extraño? Un poco como un traidor. Lo descubrí cuando por la noche la llamé para tomar aquel café, aquel que mi amigo nunca se tomaría; y es que, yo había tardado 15 años en darme cuenta de que estaba enamorado de la misma mujer que mi amigo, que ambos tuvimos el mismo primer amor.

08 mayo 2009

El Truco del Almendruco

Esta historia refleja una conversación entre 2 personas. Me refiero una de tipo breve.

(una de ellas, la persona "A" lleva un largo rato en la calle y acaba de volver a casa. La persona B está en casa desde hace algunas horas. A entra por la puerta, se cambia y saluda. Llegado ese punto surgen las palabras)

A- Hola
B- Hola, si hubiera sabido que venías te habría encargado unas galletillas para merendar.
A- Haberme mandado un mensajito o haberme llamado.
B- Es que no sabía cuando ibas a llegar...
A- ¡Vaya!

(Y así terminó)

En este momento nos encontramos ante un problema de "esos de Ingeniería Social" y otras muchas cosas.

Si esa conversación simplemente fueran esas palabras que se han expresado y no existieran "contextos", "interpretaciones ocultas" u otras cosas; todo sería simplemente genial. Ahora bien, por desgracia eso es así. Nos encontramos con que posiblemente la persona "B" lo que quería decir en realidad es "que, por favor, A fuese a por galletas".

Ahora mismo tenemos las siguientes situaciones:

1) A va a por las galletas.
2) A no va a por las galletas.

1. Si A va a por las galletas será "muy amable" pero nadie le ha pedido que vaya a por ellas y por lo tanto no se considera que sea solícito a peticiones. Es más, hace lo que quiere, no lo que se le pide.

2. Si A no va a por ellas entonces no será una persona amable, pasará de B y además nunca está dispuesto a hacer nada de lo que se le pide.

Así pues da igual lo que A haga, que nunca se ajustará a lo correcto.

La pregunta que yo hago es a "B", ¿por qué no pide simplemente las galletas? Sería una reformulación sencilla: "¿Podrías ir a por galletas?"

04 mayo 2009

Algo que escribí

Hola,

esto es algo que escribí hace algún tiempo y que muchos de los que me visitáis ya conoceréis pero "releyendo" me han dado ganas de ponerlo por acá. Sí, sé que es un poco largo aunque creo que merece la pena. Estoy bastante contento de esta historia. Un saludo.

Café Solo
La luz interior iluminaba tenuemente, del exterior apenas entraba nada, proporcionando al lugar un aspecto que podría considerarse íntimo o lúgubre, dependiendo de quien mirase. Las sillas eran bastante cómodas, al menos cuando se les cogía la postura, de metal con muchas filigranas en el respaldo, intentando sin conseguirlo parecer de “época” (allá por el principio del siglo XX) Las mesas iban a juego con las sillas y la mayoría eran pequeñas y redondas, no permitiendo más de dos o, tal vez, tres personas. Aunque había algunas rectangulares en las que cómodamente podían sentarse tres, cuatro y pudiera ser que cinco.

De la superficie del líquido oscuro, negro, que había en la taza ascendían pequeñas volutas de humo lenta y pausadamente, sin prisa; pacientes, extendiendo poco a poco el aroma de la infusión conforme se iban desvaneciendo. Aquel juego de líneas curvas ascendentes era observado atentamente por un hombre joven, en cuyas manos podían apreciarse un pequeño cuadernillo y un bolígrafo, o pudiera ser un lápiz, con aquella luz era difícil saberlo. De vez en cuando escribía algo, dos o tres palabras, sin apartar la vista de las volutas.

De unos altavoces situados en algún lugar del local surgía música. El volumen de la misma no era alto con lo que viajaba, manteniéndose de fondo, por todas partes creando un ambiente agradable para charlar o para pensar.

En las paredes había numerosas fotografías, creando un magnífico mural por toda la pared, en blanco y negro. La temática era variada: tanto de actores, películas, como de paisajes o desnudos de gente desconocida. También podían verse algunas locomotoras, tranvías, etc. Uno podía pasarse horas mirando las fotos de la pared de aquel lugar.

Las volutas cada vez eran más perezosas para salir hacia arriba desde la lisa superficie del líquido de la taza, lo cual indicaba claramente que se estaba enfriando. El joven seguía absorto en el corto viaje de los hilos de vapor y de vez en cuando continuaba haciendo anotaciones en su cuaderno sin mirar. Al lado de donde se sentaba pasó un grupito de tres personas que se dirigían a una mesa más al interior del local. El aire que movieron a su paso provocó nuevos dibujos, en las cada vez menos numerosas, volutas que comenzaron a formar espirales y pequeños remolinos juguetones. Los ojos del joven no parecieron cambiar de posición ni en su rostro se mostró algún cambio que indicara que había apreciado el que se había producido en el objeto de su observación.

Finalmente desde los bordes de la taza comenzaron a no ascender los hilillos de vapor que indicaran que estaba caliente, pero él seguía mirando hacia el mismo sitio como si todavía continuaran subiendo. Aún no había tomado ningún sorbo. Ni siquiera había movido la taza para acercársela un poco más ni para echarle el azúcar. La cucharilla y el sobrecito aún permanecían, inalterados, como el camarero los había dejado, a un lado, en el borde del platillo. El conjunto formado por taza y platillo era de color azul claro con numerosas filigranas de un blanco nacarado (que de alguna forma recordaban a las volutas que antes ascendieran) haciendo parecer que era caro. Anotó algo más en su cuaderno, esta vez durante varios segundos que casi completaron un minuto. En algún punto del local sonaron par de cortos pitidos que indicaban el paso de una nueva hora, concretamente acababan de dar las seis de la tarde, o como a algunos les gustaba más, las 18 horas. Nada ascendía ya desde el templado círculo del líquido oscuro confinado en la taza. Y en ese momento, cuando la última voluta se retorcía en el aire, perezosa, para ascender y desaparecer disgregada, el joven tomó el sobrecillo de azúcar, cortó una de las esquinas, practicando una abertura pequeña, y comenzó lentamente, como si quisiera contar cada granito cristalino, a verterlos en la taza. Uno a uno, en pequeños grupos de de tres, tal vez cuatro o puede que cinco, se precipitaban al vacío para ir hundiéndose poco a poco y disolverse en la bebida templada. Entonces, de súbito, cuando la mitad del paquete se encontraba ya en la taza dejó el hombre de echar y depositó el abierto sobrecillo de nuevo en el borde del platillo junto a la cucharilla y quedó como si no hubiera sido movido. La única prueba hubiera sido ver que estaba abierto y a la mitad. El joven pasó página a su cuaderno, chupeteó la parte superior del bolígrafo, se llevó la mano al bolsillo y de ahí apoyó la punta del boli contra la nueva hoja en blanco y comenzó a escribir. En esta ocasión no fueron unos segundos, sino que sus trazos se prolongaron durante algunos minutos llegando incluso a pasar a una nueva página y detenerse a mitad de ésta. Eran las seis y veinte de la tarde o, las 18:20 horas.

El sobrecito de papel que contenía el azúcar estaba de nuevo en las manos del hombre que vertía el contenido sobre la bebida. En esta ocasión los granillos se precipitaban con más velocidad. En menos de un segundo o, puede que dos, el sobrecito quedó vacío completamente. De nuevo regresó a su lugar junto a la cucharilla que aún permanecía, como todo menos el azucarillo, en el lugar que el camarero la depositara. Una vez más comenzó a escribir en las hojas, esta vez volviendo atrás sobre las que ya tenía escritas. Por los trazos se veía que corregía, que tachaba y superponía unas palabras sobre otras. La aguja larga de algún reloj alcanzaba el seis. Eran las seis y media o, las 18:30 horas.

Hacía un pequeño rato que el azúcar había llegado al fondo, y que el hombre se dedicaba a tachar y reescribir, cuando detuvo su mano manteniendo la punta del bolígrafo sobre el papel y miró fijamente la silla vacía frente a él.

Eran las siete de la tarde o, las 19:00 horas, y el hombre aún seguía con la vista inamovible sobre el respaldo de la silla. Si alguien lo hubiera estado mirando durante esos treinta minutos hubiera podido afirmar sin equivocarse que ni siquiera había parpadeado. En ese tiempo había escrito de nuevo en su cuaderno palabras sueltas sin mirar lo que hacía. Situó su cuaderno delante de sus ojos y comenzó a leer, aparentemente, todo lo que había escrito desde la última hoja hasta la primera. Al llegar al principio volvió a releerlo todo hasta el final. En aquel rincón del mundo se llegaba a las siete y veintitrés de la tarde o, las 19:23 horas, según algunos. Dos minutos después ninguna hoja que estuviera en blanco permanecía sujeta a la anilla del cuaderno. La mayoría yacían puestas, muchas sobre otras, dispersas sobre la mesa, pero la mayoría sobre el regazo. De nuevo comenzó la tarea de tachar y corregir. Y aquello no era lo único, las hojas eran movidas de su posición, cambiadas de lugar, de vuelta al regazo, a otro lugar de la mesa, las menos afortunadas, eran arrugadas y depositadas en una bolsa junto a la silla del hombre. Si las hojas hubieran tenido colorines hubiera parecido que estuviera montando algún tipo de puzzle. Tras un buen rato, un reloj marcaba las siete y cuarenta y siete de la tarde o, las 19:47 como le gustaba a algunos, el hombre parecía satisfecho con el orden de las hojas en la mesa. Tomó las que aún quedaban en su regazo y, tras doblarlas y rasgarlas, las echó en la bolsa. Después de eso comenzó a tomar con meticuloso orden y, con lentitud, cada hoja sobreviviente, leyéndola antes de ponerla sobre sus piernas. Una vez hubo terminado de coger las hojas de la mesa golpeó el taquito para ponerlas todas al mismo nivel y lo introdujo entre el cuaderno que, inmediatamente después, fue a parar a una carpeta negra apoyada en la pared al otro lado de la silla, oculta hasta ese momento por la bolsa.

Las ocho menos diez o, las 19:50 horas. La cucharilla por fin fue tomada y sumergida en el café helado. Lentamente comenzó a remover. Los ojos estaban clavados en las espirales negras que se formaban y en el centro vacío del remolino artificial. Cesó el movimiento circular para sacar la cucharilla y mantenerla algunos segundos sobre la taza a la espera de que escurriera. Luego fue depositada en el platillo junto al sobre vacío del azúcar, casi sin dar muestras de haber sido utilizada. Ambas manos tomaron la taza, para unos minutos después volver a buscar la bolsa y la carpeta. La taza aún no se había movido del sitio donde el camarero la había puesto.

En el reloj de alguien que pasaba junto a la puerta de aquella cafetería la aguja larga acababa de llegar a las 12 y la pequeña a las 8. Daban las ocho de la tarde, o las 20 horas, como algunos prefieren decir. El hombre se levantó, cogió sus cosas y se dirigió a la caja registradora situada en la barra.

- ¿Qué ha sido? – Preguntó el camarero mientras buscaba la nota.
- Un café solo – Contestó el hombre.

Hugo siguió con la mirada a aquel hombre que le había llamado tanto la atención, con aquel comportamiento tan excéntrico, que le había llevado a él y, a sus dos amigos, a mirarlo más de lo que la educación mandaba. Y fue al volver la vista hacia sus amigos una vez que el hombre desapareciera por la puerta cuando observó que una hoja había quedado sobre la mesilla redonda. Hugo se levantó rápidamente, se acercó a la mesa y cogió la hoja, para salir rápidamente en busca del hombre; pero al salir por la puerta ya no había ni rastro de él. Miró a ambos lados repetidamente y se quedó de pie, pensativo, con la hoja entre sus manos. La miró varias veces y finalmente se decidió a leer lo que ponía mientras se decía a si mismo que era algo que no debía hacer, pero su curiosidad pudo más; así que leyó. Las palabras estaban un poco desordenadas, situadas sin un orden claro, dispersas por toda la hoja. Y no sólo el orden era un factor importante, sino también la limpieza, ya que había muchos tachones. Al fin estructuró lo que había sido escrito y pudo entender y leer, más o menos <> Una vez leído volvió junto a sus amigos, las palabras resonaban en su mente, la hoja aún estaba en su mano, pero no entendía qué había querido decir aquel hombre. Al pasar al lado de la mesa se dio cuenta de que la taza estaba llena, sin siquiera haber sido probada una sola vez y, en ese instante, pensó – Un Café Solo – Comenzó a entender las palabras y a imaginar el porqué escribía aquel hombre de aquella forma, porqué miraba los vacíos. Porqué tomaba sólo un café solo. En algún lugar un reloj cualquiera marcaba las ocho y diez o, las 20:10 según algunos.


Por José Tacilla.

01 mayo 2009

Lo "Hize"

Ayer me desplacé hasta uno de los cines de mi ciudad para acudir al estreno de "Lobezno Orígenes". ¿Qué me pareció? Seguro que esa es la pregunta que todo os hacéis. Pues bien, en primer lugar y para que la cosa sea rápida: Quedaros en casa o escoged otra película. Como mucho esperaros a que la saquen en DVD y os la podáis alquilar para una tarde de "cine de acción" con los amigos.

Una vez dado ese "consejo gratis" paso a justificarlo un poco. Partamos de la base de que es una película que tenía ganas de ver desde hace bastante tiempo. Lobezno fue en su tiempo mi personaje favorito. - ¡Te habrás hecho muchas expectativas! - Diréis. Pues lo cierto es que no, tras las últimas que hicieron, X-Men III por ejemplo, las espectativas eran bastante cercanas a cero y ni siquiera hablo de una escala del 0 al 10, sino de una del 0 al 100. Pero además de los antecedentes previos estaba el hecho de que en los trailer e imágenes propocionales que llevaban poniendo desde hace "eones" se dejaba entrever que habían tomado parte de "Lobezno Orígenes", me refiero a la saga en "papel", vamos al comic. Y antes de que os hagáis la pregunta de: ¿Y entonces por qué te quejas? Os digo que para mi es una saga que Marvel podría haberse ahorrado puesto que "destrozó literalmente" a Lobezno tal y como lo conocíamos. De hecho para mi significó un antes y un después. Básicamente fue el detonante de que dejara de coleccionar Lobezno amén de otras cuestiones. Y aquí desvelo cosas del comic y por lo tanto de la película, no obstante no son fundamentales: En dicho comic nos mandaron a Lobezno al siglo XIX, hasta aqui ninguna pega, todos sabíamos que el hombre era viejo aunque no nos imáginábamos que tanto. Sí que es cierto que en algunas ocasiones nos lo habían pintado en la segunda guerra mundial así pues como mínimo debía haber nacico en los años 20 del Siglo XX, pero lo que "destroza" al lector son "LAS GARRAS DE HUESO" porque sí señores, Lobezno "tenía" las garras antes del Adamantiun; así, de un plumazo mandaron a "tomar viento" ARMA-X donde explicaban como obtenía el "canadiense enano" su esqueleto indestructible y sus famosas garras; porque sí, antes de esto en ese comic no tiene garras, de hecho son un "efecto secundario". Hasta aqui podría ser que los que le pusieron el adamantiun eran tan inútiles que no observaron unas garras de hueso en los antebrazos, total, por aquel entonces la tecnología de las radiografías no es la de ahora ("que le pudieran poner Adamantiun a un esqueleto no tenía nada que ver con tecnología punta") pero es que hay más: me refiero a cuando "Magneto" le quita el Adamantiun del esqueleto a lo bruto y entonces por el trauma "genera unas garras de hueso". Entonces ¿por qué tenía que tener las garras desde el principio? Dicen por ahí que es por la necesidad de "reinventar" los personajes para que siga teniendo vigencia, vale, lo entiendo pero hay reinvenciones y reinvenciones, y ésta fue una "cagada". Así pues veréis que mis espectativas estaban realmente bajas desde el principio, o sea, necesitaba muy poco para poder sentarme y disfrutar de una película de acción.

Y llegamos al momento en el que me senté en la butaca y la película comenzó. Spoiler: Comenzamos en el 1845 con un Lobezno pequeñico, vamos "children" y sus super garras de hueso. Ok, no problem, era lo que me esperaba pero resulta que junto a él hay otro "niño", que tiene unas uñas de no cortárselas en meses y que curiosamente se llama VICTOR, y es hermano de "Lobezno" que para que lo sepáis se llama "James".Spoliler OFF Aqui ya me dieron el primer repullo ya que resulta que Lobezno y Dientes de Sable, son hermanos. -¡¿CÓMO?! ¡Dios! Bueno, no problem, sabíamos que podía pasar cualquier cosa... ¡Pero joder! ¡Joder! ¿A quien se le ha ocurrido la idea? ¿Habrá algo de la marvel actual donde los hayan hermanado? ¡CAGADA! ¡CAGADA! Bueno, calma que sólo llevamos 5 minutos de película y queda mucho rato. No tiene importancia... Bueno, la tiene, pero no que falta mucho, seguro que en cuanto empiecen las toñas no importa."- Todo eso pasó por mi cabeza, incluso juraría que muchos más improperios, pero no me parece correcto plasmarlos por aqui.

La película continuó su avance y parecía que poco a poco se iba encauzando lo suficiente como para que no me revolviera demasiado en mi sitio, pero entonces nos acercamos al final, llegando, digamos al último tercio, momento en el que la cosa comienza a desmadrarse de mala manera... De muy mala manera, amén de muchos detalles de película mala ya que los personajes aparecen y desaparecen un poco sin ton ni son, me refiero a Gámbito... Que está metido con calzador en algunos momentos y, además los diálogos son "impresionantes". Y no contentos con todo esto adivinad quien aparece. Si, todos lo estáis pensando "Spoilerazo": nuestro amigo el "calvo". fin del "Spoilerazo"

Incluso al margen del comic la película se me presentó un poco lenta, con fallos de coherencia en el guión importantes, la acción no resultó todo lo espectacular que debía ya que abusan al mismo tiempo que es insuficiente. En resumidas cuentas, no perdáis tiempo ni dinero viendo una "bazofia más del cine comercial 100%". Con decir que lo mejor de ir al cine al margen de la compañía que siempre es excelente fue el spot de Ice Age III (que aunque es seguro más de lo mismo y un claro aprovechemos para sacar más pasta pinta graciosa, aunque ya veremos si es o no otra amarga decepción)

Un saludo.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

Geo-Mapa...

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