17 noviembre 2009

Fragmento

Esto es un fragmento de un proyecto mucho mayor. Es un capítulo en medio de una gran historia... Editado 18.11.2009

La Isla.


La pequeña embarcación se dirigía con rumbo firme hacia las perdidas Islas Brumagris. El viento era suave pero suficiente para mantener las velas henchidas. Tan sólo dos hombres iban en el navío, que dadas sus pequeñas dimensiones apenas podría transportar a otro par de personas más.

La espesa y sempiterna niebla que rodeaba las islas estaba a apenas un kilómetro. A pesar de la noche se veía pues desprendía un pálido brillo. Aquello ayudaba al menos, a que ninguna embarcación entrase por accidente en aquella neblina maldita. Entre los marineros de Essmen, y no sólo de esas tierras, se extendía numerosas leyendas sobre aquella bruma, todas terribles, motivo por el que todos las evitaban. Todos contaban que aquel que se adentrara en la niebla sería devorado por ésta y. si aún algún loco era capaz de atravesarlas tan sólo le esperaba la muerte al ser lanzado contra los acantilados, o devorado por las terribles criaturas que habitaban las islas. Y, ciertamente, no les faltaba parte de razón ya que no se conocía a nadie que hubiera entrado allí y luego regresado.

Becler miró con preocupación a su acompañante que cada vez se veía más nervioso. La pared blanca se alzaba frente a ellos imponentes. Noregin dirigió una mirada más al muro.
- Diría que estáis preocupado.
- Lo estoy. “La Bruma” no es un lugar donde me hubiera adentrado antes y, mucho menos ahora.
- ¿Sigue siendo un lugar prohibido para los Custodios?
- Más bien un lugar “maldito”, ¿pero cómo sabéis eso?
- Digamos que tengo mis fuentes.
- No dejáis de sorprenderme ¿y para qué vamos allí?
- ¿Para qué? Si no lo intuís ya lo averiguaréis.

Ambos hombres rieron y prestaron atención a la niebla que comenzaba a envolverlos por completo. El aire resultaba picante, irritaba la nariz y la garganta, pero no se apreciaba, sin embargo, ningún olor.

Dentro de la espesa nube blanca el aire cesó. La embarcación continuó aún un poco deslizándose sobre el agua antes de detenerse casi por completo. El custodio miró a “su guía” con aire preocupado, pero antes de poder formular pregunta alguna, de nuevo se pusieron en movimiento. La nave había alcanzado algún tipo de corriente que los llevaba aún más al interior.

El trayecto en el interior de la niebla duró apenas unos minutos, cuando salieron ante ellos se presentó un paisaje grisáceo. A un par de kilómetros se avistaban algunas calas y un impresionante acantilado, pero todo tenía el aspecto de tener encima una fina capa de cenizas. Noregin miró con interés su destino.

Las últimas centenas de metros tuvieron que hacerlas haciendo uso de los remos ya que el viento no les hubiera llevado casi directamente contra las rocas del acantilado. El esfuerzo de luchar contra la corriente, que también se empeñaba en llevarlos en aquella dirección, fue considerable. Ambos hombres jadeaban y tenían sus ropas empapadas para cuando por fin, a unos pocos metros de un espigón rocoso, echaron el ancla.

Aunque el agua no estaba nada fría, al salir de ella con las ropas mojadas y al contacto con el aire se sentían algunos escalofríos. Ambos hombres miraron a su alrededor. Todo parecía devastado, como si hubiera sido quemado. La vegetación era inexistente y todo lo demás tenía una capa de polvo gris encima haciendo que pareciera una roca inmensa y única. Como poco era desolador.
- ¡Este lugar es terrible!- Exclamó Noregin.
- Lo es. Debemos alcanzar aquellos riscos y cruzarlos antes de que llegue la noche.
La isla parecía tener algunos kilómetros de playas para luego ir ascendiendo poco a poco en un anillo de montañas de moderada altura. Si las leyendas eran ciertas o, la historia que se conservaba sobre aquella isla, en el centro debía levantarse una montaña de varios miles de metros de alto, siempre nevada, pero extrañamente no se apreciaba nada más allá de los bajos peñascos cercanos.

El custodio no hacía más que mirar a su alrededor como buscando algo, algo que no encontraba por ninguna parte. Becler no le prestó atención a aquella búsqueda durante un rato, luego decidió al ver que su acompañante no se atrevía a, o no se le ocurría, preguntar, contestar lo que el otro tenía en mente.
- No verás nada.
- ¿Cómo? Algo debe de quedar. Esto era la cuna de la magia, el origen de las Torres. No puedo creer que todo se haya perdido, que no quede ningún vestigio.
- No he dicho que todo haya desparecido, sino que no verás nada. No al menos aún.
- ¿Y los gigantescos faros? ¿Y las torres de magia? ¿Y la ciudad de la cascada? ¿Acaso son sólo leyendas?
- No, al menos antes de la niebla, no antes de la escisión. Ahora, sí, podríamos decir que son leyendas.
- Qué lástima, todo perdido.
- No todo, pero sí la mayoría.
Noregin se detuvo un instante y miró hacia atrás. Se encontraban al inicio de la falda de una de las montañas con lo que habían cubierto aproximadamente la mitad del camino que les llevaría a cruzar al otro lado. La playa quedaba lejos y bastante por debajo de ellos.
- Acabo de caer en que no hay ni un barco, nadie cerca de la costa y, durante todo este tiempo ha habido más de una embarcación que se ha perdido al adentrarse en la niebla.
- ¡Oh! Eso tiene fácil respuesta, todas las embarcaciones son arrastradas hacia el este por las corrientes. La única forma de llegar hasta aquí es entrar en la niebla por el lugar exacto y detenerse en el punto preciso en el que el flujo te arrastra hasta este punto. Unos pocos metros de más o de menos e, irremediablemente el navío será llevado contra los arrecifes y acantilados del Este.
- ¿Cómo podéis saber tanto sobre este sitio?
- ¿No es obvio? No es cierto que quien se adentra en las brumas grises se pierde para siempre.
- ¡Habéis estado antes aquí! ¿Cuántas veces?
- Un par.
- ¿Qué buscamos aquí?
- Paciencia, todo a su debido tiempo.

La luminosidad comenzaba a escasear, lo que indicaba que el sol debía de caer ya casi por completo en el oeste, pero era difícil saberlo ya que por la niebla el astro rey no se veía. Al ganar la cumbre ambos hombres pudieron ver lo que se ocultaba al otro lado: un inmenso valle por el que corrían gran cantidad de arroyos de aguas cristalinas. Noregin se detuvo completamente impresionado ante la belleza y la armonía que se extendía bajo sus pies.

La oscuridad les pilló por completo a la mitad del descenso por lo que se cobijaron en una pequeña cueva en una de las paredes rocosas de la montaña. En el interior había algunos haces de leña así como algunas pieles bastante deterioradas por el paso del tiempo, pero cálidas. Parecía que el lugar era frecuentado, aunque no al menos desde hacía algunas semanas.
- Este lugar es diferente.- Afirmó Noregin.
- ¿Diferente?
- Sí, aquí siento de nuevo ese hormigueo, siento el poder, aunque aún no me atrevo a manejarlo.
- Eso es bueno, pero debes tomarlo con calma, aún no estás recuperado ni física ni mentalmente.
- Lo sé, aún hay tantas lagunas en mi cabeza ¡Maldita sea!
- Dale tiempo.
- ¿Pero y si no tuviéramos más tiempo?
- ¿Qué quieres decir?
- No lo sé, sólo tengo esa sensación, una de premura y urgencia.
- Bueno, ya hasta que regrese la claridad no podemos hacer nada.
- ¿Hasta que regrese la claridad? – El tono de Becler hizo que Noregin se desviase un poco de sus hilos de pensamiento.
- No es recomendable moverse en la oscuridad en este lugar y, mucho menos, cerca del agua.
- ¿Entonces no todas las leyendas y habladurías son falsas?
- No, en cierto modo no.
- Me sorprende como los Custodios hemos dejado de lado este lugar, sabemos casi tan poco sobre él como cualquier otro.
- Bueno, hace mucho tiempo algunos de tu orden se interesaron por lo que aquí había, pero en todas partes, incluidas en aquellas dedicadas al conocimiento, existen mentes obtusas. Así que las investigaciones fueron prohibidas y, posiblemente, muchos de los pergaminos que se escribieron borrados.
- Tal vez no todos, recuerdo que en la Gran Biblioteca hay una sección dedicada a este lugar, pero está restringido al Alto Consejo.
- Sí, es cierto.
- ¿Cómo podéis saber todo esto?
- Más de una vez intenté tener acceso a esa parte de vuestra biblioteca, pero sin éxito.
- ¿Y eso propició que vinierais?
- Algo así, pero, aunque me encantaría contaros la historia completa, debemos descansar. Mañana será un día duro y no estás en tus mejores condiciones.
- Algún día habrá tiempo para que me cuentes tu historia y entonces no podrás librarte.
- Sí, algún día, pero no hoy.

La luz del amanecer se presentó monótona. El cielo de la isla siempre presentaba el mismo color grisáceo. Semejante a una sábana tras la que brillase una vela. Becler y Noregin salieron de la cueva poco después de comer algo de las provisiones que llevaban. El custodio se movía despacio ya que, sin lugar a dudas, el viaje le había resultado fatigoso a causa de sus heridas.

El descenso hasta el valle les llevó aproximadamente unas dos horas. Caminaron otro par más por el antes de detenerse a hacer un descanso casi obligatorio puesto que la tez de Noregin estaba completamente blanca y sobre su frente se acumulaban gotas de sudor frío.
- Esta noche la pasaremos en una de las aldeas- Afirmó Becler.
- Me parece perfecto, así no creeré que es una invención tuya el que alguien viva en este lugar.
- No lo es.

El brillo sobre el cielo gris iba cambiando conforme el sol avanzaba y, ahora, había disminuido sensiblemente indicando que el atardecer estaba cercano. El viento soplaba suavemente y relativamente cálido, a pesar del muro de montañas que parecía rodear la isla, la influencia del mar se notaba. A lo lejos ambos hombres divisaron un grupo de cabañas, que aún estarían a un par de horas de camino.

Conforme se iban acercando podían apreciar más que el estado de la aldea que llevaban ya un rato viendo no estaba en muy buen estado ni tampoco veían a ningún movimiento que indicara que estuviese habitada. A apenas un kilómetro ambos hombres se detuvieron, en el rostro de Becler se apreciaba el desconcierto y la preocupación. Tras unos minutos prosiguieron la marcha pero no sin prestar mucha atención a su alrededor.

Cuando alcanzaron las cabañas no se veía ningún signo de vida por ninguna parte, ni siquiera en las que entraron. Era como si las 30 ó 40 personas que debían vivir allí se hubiesen desvanecido.
- Noregin esto es extraño, extraño y desconcertante.
- Ya lo creo, no hay ningún indicio de nada.
- Pronto se hará de noche por completo, en aquella estaremos bien- Dijo Becler señalando uno de los edificios.

Dentro de donde decidieron guarecerse había leña y algunas provisiones en forma de salazón de pescado y tarros de miel de flores. No tardaron en encender un pequeño fuego en la chimenea. A pesar de la desolación que parecía haber a su alrededor la luz y el calor de las llamas resultaban reconfortantes. Becler se veía distante, pensativo, su mente divagaba sobre las causas de la desaparición de los aldeanos, mientras sobre Noregin, agotado y aún con su mente sin recuperar, comenzaban a hacer presa en su cerebro viejas supersticiones. La noche había pasado con relativa tranquilidad, viéndose únicamente alterado su sueño por algunas ráfagas de viento demasiado ruidosas.

La luz del nuevo día no arrojó ninguna pista sobre el paradero de las gentes que vivían allí. Todo seguía completamente desierto, sin ningún vestigio de vida. Ambos hombres abandonaron el poblado con aire taciturnos, intrigados por el misterio que encerraba aquella desaparición masiva. Becler no se decidía entre si seguir su camino o dirigirse hacia el siguiente poblado, finalmente, y no muy convencido de ello, eligió ir hacia su destino primigenio.
Cuando llevaban un par de kilómetros de camino por el valle, ascendiendo, comenzaron a divisar a lo lejos la falda de una montaña que se alzaba, enorme, casi perdiéndose en el cielo. Además, sus pasos iban por algo que antaño debió de ser un camino ya que se apreciaban, de vez en cuando, restos de un camino empedrado y ruinas de edificios; todo prácticamente consumido y enterrado por las hierbas y flores.

Becler se detuvo un momento visiblemente exasperado. Giró la cabeza a ambos lados varias veces y todas ellas clavó su vista, fijamente en el horizonte, como si buscara algo que no encontrara.
- Maldita sea. Tendría que estar aquí.
- ¿Qué sucede? ¿El qué tendría que estar?
- La torre blanca.
Con el pie hurgó un poco las piedras a su alrededor, algunas se movieron de su sitio. La cara de Becler se llenó de sorpresa y, concentrándose puso sus manos juntas y extendidas frente a el con las palmas de las manos hacia abajo. Poco a poco comenzó a separarlas y, la hierba y la tierra justo ante él comenzaron a abrirse como si de una manta se tratase. Bajo todo ello había un suelo de baldosas aparentemente no tan antiguo como el resto de ruinas que llevaban viendo toda la mañana. Continuó haciendo aquello con sus manos durante unos minutos dando pequeños pasos, hasta que finalmente tenía a su alrededor un área circular de unos 6 metros de diámetro. Justo en el centro se apreciaba una trampilla de madera.
- ¡Aquí estaba! ¡Aquí está!
- ¿Eso es lo que buscábamos? ¿La antigua base de una torre?
- No, la torre debería estar aquí, lo estaba al menos la última vez que vine al igual que las gentes de la aldea…
Becler se detuvo un instante y se sentó visiblemente mareado. Su tez estaba pálida y su respiración se notaba más acelerada. Sin duda le había resultado un gran esfuerzo, no obstante intentó continuar hablando.
- Hemos de ir abajo, ayúdame a levantar la trampilla.
Noregin se acercó y entre ambos tiraron de la anilla dejando al descubierto unas escaleras que descendían hacia abajo en la más absoluta oscuridad. Tras encender una lámpara de aceite que portaba Becler ambos comenzaron, despacio, el descenso.


La escalinata se adentraba en las entrañas de la tierra en una espiral. Llevaban más de media hora bajando y aquello no parecía tener fin. Se habían tenido que detener en alguna ocasión a descansar ya que los dos no estaban en la mejor de las condiciones. Al fin, tras quince minutos más descendiendo llegaron a un estrecho y corto pasillo que daba lugar a una cámara abovedada sin duda creada por alguna criatura y no por la naturaleza. Al otro lado se veía un acceso a través del cual se apreciaba una débil luminosidad. Cuando alcanzaron la salida de la cámara fue para dar con un parapeto desde donde se podía ver o apreciar una enorme caverna. Bajo ellos se adivinaban cientos de edificios. El techo de la nueva e inmensa cámara subterránea, lleno de estalactitas, brillaba con una luz azulada y pálida. A ambos lados una escalera descendía.

En cuanto pusieron un pie en el primer escalón todo comenzó a temblar y de la pared a su lado comenzó a surgir una enorme figura de roca. La criatura que acababa de aparecer tenía tres o, tal vez cuatro metros de alto y una envergadura similar. Su aspecto era el de un tosco y gigante ser humano de roca. Con un grito ronco lanzó uno de sus puños hacia los dos hombres antes de que pudieran sin quiera percatarse de lo que estaba sucediendo, por fortuna lograron esquivar el golpe.
- ¡Qué demonios! – Exclamó Becler.
- ¡Un elemental! – Profirió Noregín.
Ambos echaron a correr escaleras abajo con toda la rapidez que podían. La criatura no era demasiado rápida o ágil por lo que descendía considerablemente más lenta. Los dos hombres llegaron al final de la escalera, jadeantes. El ser de piedra se hallaba en la mitad, pero antes de que pudieran tomar el más mínimo resuello, saltó. La caída levantó un estruendo que rebotó por toda la caverna e hizo temblar el suelo.

Becler tropezó y cayó al suelo, Noregin intentó ayudarle a levantarse y entonces el poderoso puño de piedra le golpeó en el hombro, lanzándolo varios metros hacia delante. Un gemido quedo y corto salió de su garganta. Mientras el custodio caía el otro a duras penas lograba rodar sobre sí mismo y esquivar un nuevo golpe. Con un gran esfuerzo Becler logró incorporarse y, con toda la premura posible ejecutó un gesto rápido con las manos abiertas, como si quisiera espantar un insecto. El ser de piedra lanzó un nuevo golpe, que esta vez si alcanzó su objetivo de lleno, pero la mano de la criatura se rompió en varios pedazos a la altura de la muñeca, algo parecido a un gemido de dolor salió de la inhumana garganta. Noregin medio levantado enarcó las cejas notablemente sorprendido.

La enorme mole, presa de una furia aún mayor, lanzó ambos brazos contra Becler que, frente a él, de pie y desafiante, abrió los brazos en un gesto relampagueante. Cuando el aire desplazado por las manos del hechicero se encontró con el ser de piedra éste se convirtió en polvo instantáneamente, inofensivo. Ambos hombres se vieron envueltos por la nube en la que se había convertido el ser de roca, quedando con un aspecto grisáceo tanto sus ropajes como su piel. No pudieron evitar toser durante algunos minutos hasta que por fin el polvo se asentó en el suelo.

- Esto no tiene ningún sentido- Masculló Becler pensando en voz alta.
- ¿Hemos activado algún mecanismo de defensa?
- Puede que haya sido eso, pero no existía tal cosa antes, aunque estoy bastante seguro de que no era eso.
Los dos se miraron fijamente como intercambiando ideas rápidamente. Becler se agachó y dibujó algo, una especie de T invertida con un punto encima, en el manto blanquecino dejado por la criatura de piedra. El signo brilló unos segundos y luego desapareció, sin dejar ningún rastro.
- Sigamos.
- ¿Qué ha sido eso Becler?
- Sólo algo para evitar más sorpresas.

Gracias a la luz pálida y azulada del techo de roca se veía lo suficiente como para caminar sin tropezar por las calles de la ciudad subterránea. Todos los edificios eran de roca blanca y parecían recién construidos, pero en realidad llevaba construida milenios. El suelo en la enorme caverna parecía ascender poco a poco hacia lo que era el centro de la ciudad donde se alzaba una torre delgada y alta, al menos el triple que cualquiera de los otros edificios. Aquel lugar pertenecía a la época en el que las Islas Grises se llamaban Genibrea. Un próspero reino cuyos dirigentes se dedicaban a cultivar los conocimientos de todo tipo: historia, arte, magia… Casi podría decirse que era un imperio ya que su dominio se extendía por todo Essmen y gran parte de las tierras que ahora formaban el Imperio Dasserita. En muchos lugares había muestras de su poder en forma de Torres de la Hechicería, pero todo eso terminó bruscamente hacía ya más de siete centurias. Ahora no eran más que ruinas, recuerdo de tiempos mejores y del desastre de la ambición desmedida. La cultura de Genibrea con todos sus cientos de años, milenios incluso, se extinguió por completo en apenas unas décadas. Becler y Noregin caminaban ahora por una ciudad, testigo silencioso, del pasado.

Los pasos de los dos hombres resonaban en las paredes de roca, dando la sensación de que había más gente con ellos vagando por entre los edificios, siendo una presencia fantasmal. Becler cada vez se notaba más agitado y preocupado, era obvio hasta para las mermadas capacidades de observación del custodio, finalmente se detuvo y, mientras profería una sonora maldición, ejecutó un par de movimientos cortos y precisos con los dedos, provocando que ambos hombres se desvaneciesen en el aire.

Los dos aparecieron en una habitación de piedra con un enorme ventanal desde el que podía verse la mitad de la ciudad subterránea. Todos los muebles de la estancia estaban completamente revueltos: libros desencuadernados por el suelo, copas rotas, cristales en mil pedazos, etc. Becler torció el gesto ante el caótico descubrimiento pero su semblante cambió. Sin duda el apreciar un vestigio de presencia, a pesar de que fuera uno como ese era un cambio con respecto los días anteriores.
- Vamos con cuidado, veamos si el resto de estancias están igual y si queda alguien aquí para explicarnos lo que ha pasado. - Masculló el mago a Noregin

Poco a poco y con mucho cuidado fueron recorriendo la torre. Todas y cada una de las habitaciones que visitaban tenían un aspecto similar a la primera. Al fin llegaron a una gran sala, una biblioteca. La mayoría de los estantes estaban volcados, muchos de ellos rotos y astillados. Los libros desparramados por el suelo con las hojas y tapas sueltas o arrancadas. Era un espectáculo devastador. Sin lugar a dudas habían arrasado con todo. Becler se acercó a uno de los tomos desencuadernados y lo tomó entre sus manos, una de las cubiertas se giró y cayó al suelo, un par de hojas la siguieron.
- ¡La han destrozado!- Exclamó Noregin.
- Por completo, obviamente buscaban algo, pero, ¿el qué? Si se trataba de alguna cosa en estos libros nos llevaría demasiado tiempo saber qué.
- Eso suponiendo que existe un listado de lo que había.
- Existe amigo mío, existe.
Noregin miró con sorpresa a Becler cuyo gesto se estaba endureciendo por momentos, como si acabara de tomar una decisión difícil. Alzó la cabeza y le miró fijamente al tiempo que le decía:
- ¿Sabes qué? Me he cansado de esto.
Becler estiró los brazos y los puso, completamente horizontales al suelo y perpendiculares a su tronco, mientras comenzaba a pronunciar una serie de palabras extrañas. El custodio le miró con sorpresa ya que entendía parte del idioma. Un suave viento comenzó a extenderse desde el hombre que ahora tenía las palmas de las manos abiertas, con los dedos muy estirados, mirando hacia abajo. Con un suave giro las manos se pusieron perpendiculares al suelo y la corriente de aire se intensificó. Las hojas de los libros comenzaron a agitarse primero y después todo comenzó a verse arrastrado. Algunas gotas de sudor comenzaron a caerle por el rostro. Se veía como su cuerpo estaba en tensión. Poco a poco todo lo que estaba roto empezó a arreglarse y las cosas se movían hasta ponerse en orden. Unos minutos más tarde todo estaba en buen estado y perfectamente colocado. Justo cuando el último libro volvía a su lugar Becler trastabilló y clavó una rodilla en el suelo mientras sus brazos caían flácidos a su lado. Su rostro había vuelto a ponerse pálido y su respiración era mucho más rápida de lo normal. Noregin sobreponiéndose a la sorpresa, se apresuró a ayudarle a incorporarse.
- Eso ha sido impresionante.
- ¿Si? Lo sería si ahora no me temblaran las rodillas y me sintiera con ganas de echar hasta mi primera comida.
- Sí, aún así lo es.
- Bien, ahora podremos ver si falta algo o no.
Becler sacó con gran esfuerzo un pequeño librillo con tapas azules de una de sus bolsas y se lo mostró al otro.
- Vamos a esa mesa.

Ambos hombres se sentaron en uno de los escritorios en la biblioteca, la cual, viéndola en aquellos instantes, jamás habría imaginado nadie que tan sólo unos minutos antes, se encontrara completamente destrozada. Becler abrió su pequeño libro y ambos hombres se pusieron a leerlo con interés.

Asalto (Astria VIII)

Las luces de Pertasin brillaban a lo lejos sobre el cielo nocturno, como la llama de una vela en una habitación oscura. Una figura, como una sombra, miraba la ciudad desde el camino con ávido interés mientras se acercaba a ella.

Muchas ciudades cerraban las puertas de sus murallas en Astria, pero no aquella. Hacía mucho tiempo que cientos de casas comenzaran a desparramarse en el exterior de la muralla. De eta forma existían lo que se llamaba la ciudad interior y la ciudad exterior. La primera mucho más antigua, donde se agrupaban la mayoría de gentes adineradas: dueños de casas comerciales, jefes religiosos, consejeros, duques y el burgomaestre de la ciudad y, al otro lado, la mayoría de la gente: el pueblo, el vulgo.


Un par de horas después de comenzar a ver la ciudad la había alcanzado y empezaba a adentrarse en las calles a las afueras. La zona sur no era la más recomendable para los extranjeros y, mucho menos, a aquellas horas. Delante de él, a unos diez metros o así, le pareció ver una sombra moverse. En apenas un segundo dos hombres encapuchados, con sendos chalecos de cuero, aparecieron delante suya, golpeando ambos contra la palma de la mano un enorme garrote. Tras él otros dos, también con capas y capucha sobre sus cabezas, desenvainaban un par de cuchillos. Uno de los que tenía delante le habló con una voz rasposa, grave y ronca.

- Danos tu bolsa y tal vez te dejemos vivir.

El asaltado miró al hombre con cara de incredulidad, mientras en sus sienes se marcaban levemente un par de venas, y prosiguió su camino como si no tuviese nada delante o detrás. Los ladrones mascullaron algo como: "tú lo has querido", "A un cadaver es más fácil quitarle la bolsa" al tiempo que se lanzaban contra el hombre.

El primer golpe de garrote impactó de lleno en su cabeza. La madera crujió partiéndose en dos. La primera hoja de cuchillo dio en su espalda, justo entre las dos últimas costillas. El arma salió disparada de la mano de su usuario. El sonido que siguió fue el crujir de un cúbito, un radio y un fémur. Dos de los bandidos calleron al suelo gritando de dolor, los otros no tuvieron tiempo de pensar si quiera en lo que estaba sucediendo. Las costillas de uno del que sostenía medio garrote entre sus manos chasquearon y se derrumbó de dolor al intentar respirar. El que quedaba intentó un corte al cuello con las dos dagas pero lo único que consiguió fue que sus brazos se anudaran de forma innatural mientras notaba y oía como se quebraba cada hueso en ellos.

El hombre a quien habían itentado asaltar miró a uno de los ladrones con sus ojos fríos e inexpresivos.

- Espero que nadie más perturbe mi estancia en esta ciudad.

Con esa petición prosiguió sus pasos sin prestar más atención a los cuatro hombres gimoteantes.

11 noviembre 2009

Llegada (Astria VII)

Gamilios descendió con rapidez por la estrecha escalera que daba acceso al patio interior de la fortaleza de Astria. En su rostro podía notarse la urgencia además de una notoria congestión que indicaba que se encontraba reteniendo un acceso de furia - ¡Cómo no le habían avisado de la llegada de la princesa?- El aire fresco de la mañana le golpeó, sosegándole un poco, en cuanto puso un pie fuera.

Cuando por fin llegó a la puerta principal la escena que vio le resultó desoladora. La princesa llegaba en un carruaje que nada tenía que ver con el que había dejado Adamir, de eso estaba seguro y, de los 4 hombres que la escoltaban sólo reconocía a Garal.

Con rapidez se acercó al grupo de soldados y criados que atendían las necesidades de la princesa y la ayudaban a descender en esos momentos del carromato. Sin palabras, con una mera mirada, le indicó a Garal que tenía que hablar con él. El soldado asintió lévemente y ambos hombres se separaron discretamente de los otros. Algunos intentaron preguntarle al soldado qué había pasado, pero una ojeada a la presencia del duque bastaba para que callaran.

- ¿Qué ha ocurrido?

En el tono de voz de Gamilios se notaba preocupación a la vez que alivio.

- El carruaje se quedó clavado a causa del barro en el camino. Las últimas lluvias lo dejaron casi impracticable. Y, en ese momento, un grupo de hombres nos asaltó. A duras penas logramos llegar a la posada.
- ¿Y el resto de los hombres? ¿Y C'Aristos?
- Tras terminar con todos los bandidos nos dejó, se le notaba presa de una gran agitación. Sólo nosotros dos, además de la princesa, su ama y el cochero, sobrevivimos.
- ¿Os dejó? ¿Por qué motivo?
- No dio ninguno, sólo dijo que nos encontraríamos en Astria, entiendo que aún no ha llegado.
- No, no lo ha hecho. Vé a descansar, ya me contarás después con más detalles frente a un buen estofado y una abundante copa de vino.

Garal inclinó la cabeza y se retiró. Gamilios se quedó mirando al vacío, pensativo. Le costaba creer lo que había sucedido. En su mente comenzaban a acumularse preguntas sin respuesta junto a la poca información de la que disponía. Un dolor comenzó a crecer sobre sus sienes. Al día siguiente iba a tener que hablar demasiado. Sin duda el rey y el consejo le pedirían respuestas...

06 noviembre 2009

¡Siiiiiiiii!

Me encantaría decir que el título de esta entrada es: porque me ha tocado la lotería, porque me he enrollado con una top model, porque me han subido el sueldo, porque mi amigo Pedro ha publicado su primer comic para Marvel, DC o cualquiera de las editoriales importantes, porque D.F.B.S. ha entregado su tesis, porque mi madre ha encontrado trabajo, porque... No sé, se me ocurren cientos de mejores "porqués" para una entrada con este título, pero no, desgraciadamente es un "Siiiiii... Lo han hecho. Han dado un paso más en quitarnos un poquito más de libertad"

Ayer me comentaba mi madre que el Parlamento Europeo había aprobado una ley por la cual pueden cortarle a cualquier usuario el acceso internet sin orden judicial previa. Claro, yo en mi inocencia y creyendo que éste organismo seguiría operando con su buen juicio, como había sido hasta ahora, no podría haber hecho tamaña cosa, que mi madre debía haber entendido mal la noticia; pero sí, ¡lo han hecho! Imagino que cuando uno tiene "juicio" existe la posibilidad de perderlo. Lástima.

En general es algo que podía verse venir puesto que ya lo dice un refrán: "Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Aún con esta Ley parece, aunque no estoy del todo seguro, que dependerá del Gobierno del propio país llevarla a cabo o no. Vamos, que no queda por encima de las leyes propias, por lo que en España aún, y curiosamente, estamos a salvo; pero me remito a mi anterior frase popular. En este caso los vecinos son Francia e Inglaterra, así que no dudo de que pronto seguiremos su camino con las "piernas" del parlamento de la UE. abiertas de par en par y "los glúteos en pompa".

Lo que más "gracia" me hace, gracia de esa comparable a cuando subfre de: un cólico nefrítico, un ataque agudo de cirrosis o un precioso y bonito dolor de muelas; es que digan que "con la nueva ley se vela por el derecho a la privacidad y la presunciónd e inocencia" Y yo me pregunto, en serio, ¿cómo? Cómo demonios se hace eso, porque si no pueden ver mi tráfico por el derecho de privacidad entonces en ¿base a qué me van a cortar la conexión? ¿Y si soy inocente entonces por qué me la cortan? Ah! No, tranquilo, que puedo recurrir, mi defensa, mi herramienta, es que un juez me defienda porque se han pasado por el forro mis derechos porque hay una ley que se lo permite a ¿quién? No sé si os dais cuenta de la ironía.

Tal y como lo veo esta ley es una mentira para una de las dos partes. O para las corporaciones detrás de la aprobación de la misma o para el usuario. Yo, con nada más ver que se haya aprobado, tengo claro para quien es la gran mentira.

Presunción de inocencia: grabamos tus conversaciones por si... te registramos con nombre y apellidos tu teléfono móvil "por si eres un terrorista" PERO RESPETANDO TU PRIVACIDAD (sí, aquí por lo menos se supone que solo se escuchará con la orden de un juez) y ahora podemos ver tu tráfico de red, bueno, esto no está claro si pueden hacerlo pero sí te pueden cortar porque sospechen... Ergo ¿Mi derecho a la privacidad donde queda si analizan mi tráfico para cortarme? ¿Y mi presunción de inocencia? Señores que justifican esta aprobación de ley con una supuesta protección de la privacidad y la presunción de inocencia: "No existe presunción de inocencia ni derecho a la privavidad a posteriori porque en el momento que se actúe contra el usuario vigilando su tráfico y cortándole por ello la red, ya se han violado estos dos principios".

Reto a cualquiera entendido en leyes que me explique, me defienda y justifique... No, es más, que me demuestre esto de una forma razonada, lógica y medianamente científica. Pero obviamente es imposible porque lo negro es negro y lo blanco blanco. Ahora mismo podría poner un ejemplo que sería muy bruto pero me lo voy a ahorrar por respeto a algunas personas a las que tal vez podría herir su sensibilidad.

Y no solo me indigna por la indefensión que siento, que es como si se le permitiera a cualquiera que "me violara" y encima yo tuviera que demostrar que eso no era correcto... Si no que se adopten medidas, leyes, inútiles, que van en contra del ciudadano para el cual, entiendo yo, que deberían de existir las leyes, para su mejor calidad de vida, para protegerle a él y no a otros; cuando deberían estos señores enfocar sus esfuerzos precisamente a solucionar las desigualdades sociales, a lograr una sociedad más justa... Pero no, el camino es el de cada vez más injusticia. ¡Mi enhorabuena al Parlamento Europeo por su buen hacer tan equivocado! ¡Aplausos señores! ¡Aplausos! Disculpenme si cada vez más pienso que los organismos gubernamentales están al servicio de entidades desconocidas con intereses ocultos y no, desde luego y como debería, no al servicio del ciudadano.

Enlaces relacionados con "La nueva ley aprobada por el Parlamento Europeo"

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/05/navegante/1257426130.html

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/UE/da/via/libre/corte/Internet/pasar/juez/elpepusoc/20091106elpepisoc_4/Tes

05 noviembre 2009

Precisión (Astria VI)

Las calles estaban abarrotadas. La plebe se amontonaba en las calles y en la plaza de Marmin (La plaza mayor de la ciudad, justo frente al templo de Eral y la casa del burgomaestre, así como el lugar del mercado cada primer día de la semana)

Las puertas del templo de Eral se abrieron de par en par y una pequeña nubecilla de humo salió al exterior. Un fuerte olor a mirra, incienso y algunas otras sustancias aromáticas, se extendió poco a poco por la calle.

No tardó en aparecer el sumo sacerdote de Eral acompañado de los nueve altos emisarios (así se llamaba a los siguientes al sumo en la escala jerárquica del culto a Eral) Alrededor de ellos un numeroso grupo de guardias vigilaban cualquier movimiento sospechoso. Incluso había algunos repartidos por las calles y edificios cercanos. Se había especulado demasiado sobre un posible intento de asesinato y los ánimos estaban tensos, más en aquel momento en el que era fácil hacer blanco. A lo largo de la historia el cambio en la dirección del culto a Eral se había producido en extrañas circunstancias, motivo por el cual la sensación de peligro era mayor; no obstante, un asesinato en público era poco probable. Tan sólo había ocurrido tres veces a lo largo de la historia Eraliana.

Las primeras palabras de la Cúpula, ese era el nombre del conjunto formado por el sumo y los altos emisarios, fueron el entonar una canción de alabanza a Eral. Las voces fueron sumándose una a una, primero el sumo y luego los dos hombres a su lado, así sucesivamente hasta que todos estaban cantando como una sola voz.

Un silbido suave, tenso y creciente, avisó a aquellos con mejor oido o más atentos a otras cosas que a la alabanza a Eral, de que una flecha viajaba en el aire. Pero apenas fue durante un instante. Tras el raudo sonido unas plumas azules, fijadas a un mástil de madera, aparecieron en el pecho del Emisario del condado de Brestal. El hombre cayó al suelo fulminado, rodando su cuerpo inerte escaleras abajo, hasta quedar tendido a apenas un metro de la primera linea del gentío agolpado alrededor del templo.

Lo primero que siguió a la caida del cuerpo del Emisario fue silencio, que apenas tardó un segundo en transformarse en un conjunto de gritos histéricos y caras excépticas.

Algunos guardias se apresuraron a tapar el cuerpo mientras, otros intentaban introducir a la Cúpula de nuevo en el templo y, otros, controlaban a la multitud e intentaban averiguar donde estaba el tirador.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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