Otra entrada de "casi casi". Aún no está terminado. Faltan luces y sombras en algunos sitios para perfilar, así como los remaches de las ruedas, pero... Casi casi XD
27 febrero 2010
A volar...
Otra entrada de "casi casi". Aún no está terminado. Faltan luces y sombras en algunos sitios para perfilar, así como los remaches de las ruedas, pero... Casi casi XD
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25 febrero 2010
Casi casi...
Como reza el título del post, casi casi está terminado (sí, un poco chapú, pero es lo de siempre: pintar de bulla y corriendo) No obstante creo que al final no está quedando mal.
Quedan por terminar: el carruaje negro, los murcielagos, iluminar las peanas y reparar algunos desconchones. En un futuro habré de repintar los necrofagos morados para adecuarlos al esquema general NEGRO así como mejorar luces y sombras en el resto de minis, pero poquito a poco.
Os dejo una fotico de plano general del ejército.

Saludos
Quedan por terminar: el carruaje negro, los murcielagos, iluminar las peanas y reparar algunos desconchones. En un futuro habré de repintar los necrofagos morados para adecuarlos al esquema general NEGRO así como mejorar luces y sombras en el resto de minis, pero poquito a poco.
Os dejo una fotico de plano general del ejército.
Saludos
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23 febrero 2010
¿Dónde están?
Esta mañana he tenido una de esas sensaciones de "Desfase". Me he duchado y arreglado antes de ir al trabajo y, cuando he ido a coger mi reloj y mi móvil: no estaban en su sitio. Bueno, "su sitio" se refiere al mueble de cajones cuya parte superior me hace las veces de repisa/mesilla de noche. La cuestión es que antes de meterme en la ducha he mirado la hora en el reloj, que estaba encima de algunos libros puestos sobre la cajonera, sin tocarlo. Además el móvil estaba ahí también, al ladico pero sobre la madera.
La gracia de todo esto es que cuando he ido a salir y a coger los dos instrumentos no estaban. Sí, como lo leeis. Habían desaparecido. Y en ningún momento tengo constancia mental de haberlos tocado o cogido desde que miré la hora y me fui a la ducha. Lo primero que he pensado es que el gato les habría dado un golpe o algo y estarían en el suelo, pero o ahora se dedica a tirar las cosas y esconder las víctimas o, bien, no los había tirado... Lo que me lleva a preguntarme: ¿dónde estarán? ¿Se han hecho invisibles? ¿Han ido a otra dimensión? ¿Aparecerán? ¿Qué sucedió?
Hacía mucho, pero mucho que no tenía esta sensación de que algo había pasado al otro lado...
La gracia de todo esto es que cuando he ido a salir y a coger los dos instrumentos no estaban. Sí, como lo leeis. Habían desaparecido. Y en ningún momento tengo constancia mental de haberlos tocado o cogido desde que miré la hora y me fui a la ducha. Lo primero que he pensado es que el gato les habría dado un golpe o algo y estarían en el suelo, pero o ahora se dedica a tirar las cosas y esconder las víctimas o, bien, no los había tirado... Lo que me lleva a preguntarme: ¿dónde estarán? ¿Se han hecho invisibles? ¿Han ido a otra dimensión? ¿Aparecerán? ¿Qué sucedió?
Hacía mucho, pero mucho que no tenía esta sensación de que algo había pasado al otro lado...
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18 febrero 2010
Pesquisas (Astria XIII)
Gamilios dejó el sonido de la fiesta en cuanto cruzó el umbral de la pequeña puerta de servicio. Ésta daba acceso a un pasillo que al final se cruzaba con otro. C'Aristos estaba ya en el extremo opuesto y torció a la derecha. Siguiendo aquella dirección se podía llegar hasta la bodega o unas escaleras que ascendían un piso y permitían el acceso a una enorme terraza, bajando otras, pero ya en el exterior. De hecho, a aquella terraza se tenía acceso desde el salón de baile.
En cuanto el aire frío de fuera le golpeó se arrepintió de no haber cogido su capa. El aire nocturno era bastante helado y húmedo. Casi de inmediato notó como manos y pies se le enfriaban, al tiempo que de su nariz y boca salían suaves volutas blancas.
- Me alegra ver que no te ha sucedido nada.
Masculló el duque cuando estuvo al lado de la figura encapuchada.
- Sí, pero digamos que he tenido suerte. Lamento haberos sacado de la fiesta, pero necesitaba hablar en privado.
- No te preocupes, ahora nos dirigiamos al baile y ya sabes que no es lo mio.
- Deduzco, por toda la parafernalia que la princesa llegó sin más contratiempos.
- Así es, ¿pero qué pasó?
- Un grupo de bandidos nos atacó, pero no uno normal.
- ¿Qué quieres decir?
- Había algo extraño en ellos, como si no fueran conscientes realmente de sus actos, como si estuviesen sugestionados. Y eso me era familiar, ya lo había visto antes.
- ¿Y por eso despareciste? ¿Para investigar?
- Así es, pero no encontré nada, pero a pesar de ello no tengo dudas. En aquel ataque había algo más y, lo que más me preocupa, es que creo que no iba dirigido a raptar a la princesa, sino a mi.
- Eso significa que alguien más lo sabe.
- Así es, temo que no podré quedarme mucho por aqui. No al menos hasta que averigüe lo que pasó y halle a los responsables.
- Lo entiendo, pero no es buen momento para que no estés.
- Lo sé, incluso he pensado que todo esto no sea más que para alejarme de la corte, pero no podemos arriesgarnos.
- Cierto, carecemos de alternativa, pero tenemos una ventaja, nadie sabe que estás aqui lo que te permitirá moverte con libertad.
- Sí, por lo que debo marcharme ya, antes de que alguien se percate de mi presencia o de vuestra ausencia. Os mantendré tan informado como me sea posible.
- Suerte capitán.
C'Aristos desapareció entre las sombras en un parpadeo. El duque Gamilios permaneció aún unos minutos en la terraza, antes de volver a la fiesta.
En cuanto el aire frío de fuera le golpeó se arrepintió de no haber cogido su capa. El aire nocturno era bastante helado y húmedo. Casi de inmediato notó como manos y pies se le enfriaban, al tiempo que de su nariz y boca salían suaves volutas blancas.
- Me alegra ver que no te ha sucedido nada.
Masculló el duque cuando estuvo al lado de la figura encapuchada.
- Sí, pero digamos que he tenido suerte. Lamento haberos sacado de la fiesta, pero necesitaba hablar en privado.
- No te preocupes, ahora nos dirigiamos al baile y ya sabes que no es lo mio.
- Deduzco, por toda la parafernalia que la princesa llegó sin más contratiempos.
- Así es, ¿pero qué pasó?
- Un grupo de bandidos nos atacó, pero no uno normal.
- ¿Qué quieres decir?
- Había algo extraño en ellos, como si no fueran conscientes realmente de sus actos, como si estuviesen sugestionados. Y eso me era familiar, ya lo había visto antes.
- ¿Y por eso despareciste? ¿Para investigar?
- Así es, pero no encontré nada, pero a pesar de ello no tengo dudas. En aquel ataque había algo más y, lo que más me preocupa, es que creo que no iba dirigido a raptar a la princesa, sino a mi.
- Eso significa que alguien más lo sabe.
- Así es, temo que no podré quedarme mucho por aqui. No al menos hasta que averigüe lo que pasó y halle a los responsables.
- Lo entiendo, pero no es buen momento para que no estés.
- Lo sé, incluso he pensado que todo esto no sea más que para alejarme de la corte, pero no podemos arriesgarnos.
- Cierto, carecemos de alternativa, pero tenemos una ventaja, nadie sabe que estás aqui lo que te permitirá moverte con libertad.
- Sí, por lo que debo marcharme ya, antes de que alguien se percate de mi presencia o de vuestra ausencia. Os mantendré tan informado como me sea posible.
- Suerte capitán.
C'Aristos desapareció entre las sombras en un parpadeo. El duque Gamilios permaneció aún unos minutos en la terraza, antes de volver a la fiesta.
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17 febrero 2010
Fiesta (Astria XII)
El salón estaba repleto y brillaba extraordinariamente, con luces por todas partes. Todo estaba dispuesto para dar una recepción como era debida a la princesa de Adamir. Los rumores sobre su accidentada llegada habían corrido de boca en boca y todos en la corte sentían mucha curiosidad por conocer los hechos en los propios labios de la joven.
En el gran salón real de Astria, sobre las mesas, había gran cantidad de manjares: toda clase de carnes, caldos, frutas, verduras... Así como cualquiera de los excelentes vinos de su bodega, siendo el más preciado el que había traido consigo el duque Gamilios.
Cada uno de los invitados estaba de pie, esperando la llegada del rey de Astria. Las trompetas y clarinetes ya se oían desde hacía algunos segundos por el pasillo, lo que indicaba que el monarca estaba cerca.
Dabios I, rey de Astria, cruzó el umbral de la puerta principal del gran salón, acompañado de la princesa Laida, de Adamir. La mayoría de los presentes ya habían oido sobre la belleza soberbia, pero casi nadie había tenido ocasión de verla en persona hasta ese momento. La mayoría pensaron que los chismes y rumores que se oían, no le hacían ningún tipo de justicia. La melena rubia y ondulada le cai por detrás de los hombros, cubriéndole la espalda, casi por completo. En su cabeza, resaltando entre el pelo, se veía una diadema de plata y diamantes. Lo único que algunos podían tomar como un defecto era la estatura de la princesa ya que, incluso para ser mujer, era pequeña.
La comida duró más de tres horas, tiempo en el que la mayoría comió y bebió copiosamente; aunque sin duda, lo que más esperaban era el baile y la música de después del banquete.
La música de los instrumentos comenzó a sonar suavemente un rato después de que se hubiera servido el postre, pero justo antes de que todos empezaran a sentir los efectos tranquilizantes de la digestión. El monarca se levantó de su asiento y, tendiéndole el brazo a la princesa Laida, ambos se dirigieron al gran salón de baile. Poco a poco casi todos se trasladaron a la otra estancia.
El salón de baile era una amplia sala con grandes ventanales, que en aquellos momentos estaban cerradas. El techo era bastante algo, más de 3 personas, y de él colgaban 12 enormes lámparas de araña de cristal de Merbidia. Las contraventanas poseían en la parte que daba hacia la enorme estancia, grandes espejos de una pieza, logrando de esta forma aumentar la sensación de espacio así como la luminosidad.
Gamilios se dirigía hacia el salón de baile, sujetándose la tripa demasiado repleta por la comida, cuando en una de las pequeñas puertas de servicio del salón donde habían comido observó una sombra que le hacía señas para que se acercara. La figura estuvo a la vista tan sólo un instante, pero el duque ya sabía que se trataba de C'Aristos.
En el gran salón real de Astria, sobre las mesas, había gran cantidad de manjares: toda clase de carnes, caldos, frutas, verduras... Así como cualquiera de los excelentes vinos de su bodega, siendo el más preciado el que había traido consigo el duque Gamilios.
Cada uno de los invitados estaba de pie, esperando la llegada del rey de Astria. Las trompetas y clarinetes ya se oían desde hacía algunos segundos por el pasillo, lo que indicaba que el monarca estaba cerca.
Dabios I, rey de Astria, cruzó el umbral de la puerta principal del gran salón, acompañado de la princesa Laida, de Adamir. La mayoría de los presentes ya habían oido sobre la belleza soberbia, pero casi nadie había tenido ocasión de verla en persona hasta ese momento. La mayoría pensaron que los chismes y rumores que se oían, no le hacían ningún tipo de justicia. La melena rubia y ondulada le cai por detrás de los hombros, cubriéndole la espalda, casi por completo. En su cabeza, resaltando entre el pelo, se veía una diadema de plata y diamantes. Lo único que algunos podían tomar como un defecto era la estatura de la princesa ya que, incluso para ser mujer, era pequeña.
La comida duró más de tres horas, tiempo en el que la mayoría comió y bebió copiosamente; aunque sin duda, lo que más esperaban era el baile y la música de después del banquete.
La música de los instrumentos comenzó a sonar suavemente un rato después de que se hubiera servido el postre, pero justo antes de que todos empezaran a sentir los efectos tranquilizantes de la digestión. El monarca se levantó de su asiento y, tendiéndole el brazo a la princesa Laida, ambos se dirigieron al gran salón de baile. Poco a poco casi todos se trasladaron a la otra estancia.
El salón de baile era una amplia sala con grandes ventanales, que en aquellos momentos estaban cerradas. El techo era bastante algo, más de 3 personas, y de él colgaban 12 enormes lámparas de araña de cristal de Merbidia. Las contraventanas poseían en la parte que daba hacia la enorme estancia, grandes espejos de una pieza, logrando de esta forma aumentar la sensación de espacio así como la luminosidad.
Gamilios se dirigía hacia el salón de baile, sujetándose la tripa demasiado repleta por la comida, cuando en una de las pequeñas puertas de servicio del salón donde habían comido observó una sombra que le hacía señas para que se acercara. La figura estuvo a la vista tan sólo un instante, pero el duque ya sabía que se trataba de C'Aristos.
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12 febrero 2010
Dreaming...
Hay mañanas que me despierto pensando que me gustaría poder elegir con qué haber soñado o, al menos, con qué no.
Han sido dos veces en poco tiempo que han acudido a mi visiones de Morfeo que sólo evocan cosas que es mejor olvidar o, al menos, dejar ignoradas en algún rincón de la memoria.
Ésta vez sí creo haber podido detectar el objeto que produjo la evocación nocturna de tales cosas. Lo que me lleva a: si esto va a traer aquello en la oscuridad, ¿qué hacer? Evitarlo o, simplemente, esperar que no suceda.
Sólo espero que el día sea hoy lo suficientemente largo para olvidar de nuevo lo que la noche trajo, más la sensación que me atenaza que, las imágenes en mi memoria.
Querría, digo una vez más, elegir con qué soñar o, al menos con qué no.
Han sido dos veces en poco tiempo que han acudido a mi visiones de Morfeo que sólo evocan cosas que es mejor olvidar o, al menos, dejar ignoradas en algún rincón de la memoria.
Ésta vez sí creo haber podido detectar el objeto que produjo la evocación nocturna de tales cosas. Lo que me lleva a: si esto va a traer aquello en la oscuridad, ¿qué hacer? Evitarlo o, simplemente, esperar que no suceda.
Sólo espero que el día sea hoy lo suficientemente largo para olvidar de nuevo lo que la noche trajo, más la sensación que me atenaza que, las imágenes en mi memoria.
Querría, digo una vez más, elegir con qué soñar o, al menos con qué no.
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10 febrero 2010
Algoritmo
main()
int entrada
int salida
int actividad
const esfuerzo
get (entrada)
get (actividad)
salida=actividad*esfuerzo
if(entrada>salida) then
print "Aumento del Volumen periférico Abdominal"
else
if(entrada < salida) then
print "Disminución del Volumen Periférico Abdominal"
else
print "Mantenimiento del Volumen Periférico Abdonimal"
end program
En las últimas semanas entrada Es Mayor Que salida Jo
int entrada
int salida
int actividad
const esfuerzo
get (entrada)
get (actividad)
salida=actividad*esfuerzo
if(entrada>salida) then
print "Aumento del Volumen periférico Abdominal"
else
if(entrada < salida) then
print "Disminución del Volumen Periférico Abdominal"
else
print "Mantenimiento del Volumen Periférico Abdonimal"
end program
En las últimas semanas entrada Es Mayor Que salida Jo
¿Si...
Tuvieráis la ocasión de que se os concediera un deseo (sí, de esos de genio de la lámpara maravillosa) qué pediriaís?
Antes lo tenía claro, ahora no tanto, me debato entre:
- Conocer todas las preguntas y todas las respuestas, presentas, pasadas y futuras. Es decir, todo el conocimiento o, cuanto menos la posibilidad de formularmelas y desentrañarlas, es decir tener tantas vidas como sean necesarias para satisfacer una curiosidad hambrienta.
- O simplemente, si existen eso que llamamos realidades alternativas, si es cierto que la teoriía que postula que existe una realidad por cada decisión que se nos planteo. Que es real eso de que hay varios "yoes" alternativos; me gustaría simplemente conocer como fueron cada una de "mis vidas" tras cada decisión tomada o no.
Aunque en cierto modo el primer deseo contiene al segundo, pero creo que ahora mismo me conformaría con mi ombligo.
Antes lo tenía claro, ahora no tanto, me debato entre:
- Conocer todas las preguntas y todas las respuestas, presentas, pasadas y futuras. Es decir, todo el conocimiento o, cuanto menos la posibilidad de formularmelas y desentrañarlas, es decir tener tantas vidas como sean necesarias para satisfacer una curiosidad hambrienta.
- O simplemente, si existen eso que llamamos realidades alternativas, si es cierto que la teoriía que postula que existe una realidad por cada decisión que se nos planteo. Que es real eso de que hay varios "yoes" alternativos; me gustaría simplemente conocer como fueron cada una de "mis vidas" tras cada decisión tomada o no.
Aunque en cierto modo el primer deseo contiene al segundo, pero creo que ahora mismo me conformaría con mi ombligo.
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Diez Vidas
Era un día de verano, de esos cualquiera, en los que el calor es tan sofocante que no hay ganas de hacer nada, pero mentalmente uno se forzaba a hacer algo. Y ese algo se convirtió en clasificar, ordenar y tirar aquella caja llena de papeles, dibujos,carpetas... Desde hacía años.
Comenzó poniendo varios bloques de papeles sobre la cama, cinco o seis, cada taco era bastante grande. Intentó, en la medida de lo posible, que cada grupo fuera del mismo tipo: apuntes, recortes de periódico, historietas, dibujos, juegos, fotocopias...
Algunas gotas de sudor le corrían por la cara, el ventilador apenas movía el aire lo suficiente como para dar una sensación de frescor. Además, ahora había tenido que dejarlo mirando hacia la pared ya que si no, se le volaban las hojas.
Se sentó en la silla y comenzó a clasificar cada hoja. La primera que cogió mostraba algunos dibujos de cuando era pequeño, ocho, tal vez menos.
Llevaba una hora pasando hojas de un lugar a otro y sintió como una nostalgia, un "algo" se apoderaba de él. No pudo evitar preguntarse ¿dónde quería estar hacía unos años y dónde estaba? Sintió de pronto que el aire era muy pesado como para respirar. Había perdido mucho tiempo y ya era tarde. Su nave había torcido el rumbo en algún momento y no había logrado, no se había percatado, de ello. Aunque tal vez aquella afirmación no era exacta. Más bien sabía dónde habría podido estar pero sabía donde estaría. Era una sensación extraña.
Tal vez lo que le había fallado era la entereza, sin duda no había tomado las decisiones adecuadas, ahora bien: si ahora era capaz de verlo, de saberlo, ¿serviría de algo hacer acopio de fuerzas y mostrar esa entereza? ¿O realmente era tarde ya? Seguía a la deriva y lo sabía, al menos era eso, el problema era que desconocía cual rumbo deseaba en verdad seguir y, mientras tanto, la corriente seguía empujándolo. Sólo quedaba por ver ¿cuánto resistiría el navio los emvites de las olas? La única solución que se le ocurría en ese momento era tener diez vidas
Comenzó poniendo varios bloques de papeles sobre la cama, cinco o seis, cada taco era bastante grande. Intentó, en la medida de lo posible, que cada grupo fuera del mismo tipo: apuntes, recortes de periódico, historietas, dibujos, juegos, fotocopias...
Algunas gotas de sudor le corrían por la cara, el ventilador apenas movía el aire lo suficiente como para dar una sensación de frescor. Además, ahora había tenido que dejarlo mirando hacia la pared ya que si no, se le volaban las hojas.
Se sentó en la silla y comenzó a clasificar cada hoja. La primera que cogió mostraba algunos dibujos de cuando era pequeño, ocho, tal vez menos.
Llevaba una hora pasando hojas de un lugar a otro y sintió como una nostalgia, un "algo" se apoderaba de él. No pudo evitar preguntarse ¿dónde quería estar hacía unos años y dónde estaba? Sintió de pronto que el aire era muy pesado como para respirar. Había perdido mucho tiempo y ya era tarde. Su nave había torcido el rumbo en algún momento y no había logrado, no se había percatado, de ello. Aunque tal vez aquella afirmación no era exacta. Más bien sabía dónde habría podido estar pero sabía donde estaría. Era una sensación extraña.
Tal vez lo que le había fallado era la entereza, sin duda no había tomado las decisiones adecuadas, ahora bien: si ahora era capaz de verlo, de saberlo, ¿serviría de algo hacer acopio de fuerzas y mostrar esa entereza? ¿O realmente era tarde ya? Seguía a la deriva y lo sabía, al menos era eso, el problema era que desconocía cual rumbo deseaba en verdad seguir y, mientras tanto, la corriente seguía empujándolo. Sólo quedaba por ver ¿cuánto resistiría el navio los emvites de las olas? La única solución que se le ocurría en ese momento era tener diez vidas
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09 febrero 2010
Primer Encuentro (Astria XI (b))
Telpontoc sintió un escalofrío en la espalda. Todo el vello de su cuerpo se encrespó, como si súbitamente hiciese frío, y su corazón comenzó a latirle con más velociidad y fuerza
- ¿Tan pronto? - La pregunta cruzó su mente tan rápido como ante él aparecía un hombre de gran altura y tamaño con el torso completamente desnudo. Sobre la piel del recién aparecido había numerosos tatuajes, pero era difícil saber qué representaban ya que parecían cambiar a cada instante.
- Pensé que sería más difícil dar contigo, me has decepcionado- Masculló el tatuado con una media sonrisa mientras daba un par de pasos para salvar los escasos metros que le separaban del sastre de Pertansin, que permanecía pávido, con los ojos muy abiertos; incapaz de reaccionar.
Las manos del desconocido agarraron la cabeza de Telpontoc por las sienes y éste comenzó a brillar con una lúz blanca y pálida antes de desvanecerse con un sonoro "blaf".
El tatuado miró con sorpresa el hueco dejado por la figura del sastre y, sonrió levemente, aquello se parecía más a lo que había esperado. Con suavidad palpó el aire mientras dejaba que sus sentidos le indicaran donde estaba el mago. Con brusquedad giró el cuello y se asomó a la ventana su izquierda. Abajo, en la esquina de un callejón, vió otro resplandor pálido. De un salto atravesó la pared sin dañarla y se precipitó al suelo.
Efannis vio como un destello sucedía en la segunda planta de la casa del sastre y su corazón le dió un vuelco. Con un gesto de la mano intentó teletransportarse para ayudar a su amigo, pero sintió como si algo le clavara al suelo. Inmediatamente Telpontoc apareció ante él y cogiéndolo por los hombros, ambos desaparecieron con un nuevo e intenso "blanf".
El tatuado calló al suelo justo al lado de la esquina donde se supone que había visto el destello pero allí no había nadie. Cerró los ojos y aspiró con profundidad varias veces. Al cabo de unos segundos hizo un gesto de desagrado y se alejó de aquel lugar. No había podido notar al mago nuevamente lo que indicaba que estaban muy muy lejos o que realmente tenía ante sí un reto, uno de verdad. Todo aquello sería algo que averiguaría pronto.
- ¿Tan pronto? - La pregunta cruzó su mente tan rápido como ante él aparecía un hombre de gran altura y tamaño con el torso completamente desnudo. Sobre la piel del recién aparecido había numerosos tatuajes, pero era difícil saber qué representaban ya que parecían cambiar a cada instante.
- Pensé que sería más difícil dar contigo, me has decepcionado- Masculló el tatuado con una media sonrisa mientras daba un par de pasos para salvar los escasos metros que le separaban del sastre de Pertansin, que permanecía pávido, con los ojos muy abiertos; incapaz de reaccionar.
Las manos del desconocido agarraron la cabeza de Telpontoc por las sienes y éste comenzó a brillar con una lúz blanca y pálida antes de desvanecerse con un sonoro "blaf".
El tatuado miró con sorpresa el hueco dejado por la figura del sastre y, sonrió levemente, aquello se parecía más a lo que había esperado. Con suavidad palpó el aire mientras dejaba que sus sentidos le indicaran donde estaba el mago. Con brusquedad giró el cuello y se asomó a la ventana su izquierda. Abajo, en la esquina de un callejón, vió otro resplandor pálido. De un salto atravesó la pared sin dañarla y se precipitó al suelo.
Efannis vio como un destello sucedía en la segunda planta de la casa del sastre y su corazón le dió un vuelco. Con un gesto de la mano intentó teletransportarse para ayudar a su amigo, pero sintió como si algo le clavara al suelo. Inmediatamente Telpontoc apareció ante él y cogiéndolo por los hombros, ambos desaparecieron con un nuevo e intenso "blanf".
El tatuado calló al suelo justo al lado de la esquina donde se supone que había visto el destello pero allí no había nadie. Cerró los ojos y aspiró con profundidad varias veces. Al cabo de unos segundos hizo un gesto de desagrado y se alejó de aquel lugar. No había podido notar al mago nuevamente lo que indicaba que estaban muy muy lejos o que realmente tenía ante sí un reto, uno de verdad. Todo aquello sería algo que averiguaría pronto.
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08 febrero 2010
Tumularios...
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05 febrero 2010
Carrera (Astria XI)
Sentía cada latido de su corazón como si un trueno hubiera estallado sobre su cabeza. Sabía que era imposible que nadie más que él lo oyera, pero no podía evitar sentir que debían de escucharlo por toda la ciudad. Lo cual no era algo bueno para sentirse seguro en el lugar donde se hallaba escondido.
Efannis miró una vez más desde las sombras del callejón, donde se escondía tras unos toneles vacíos, las ventanas de la casa del sastre mayor de Pertasin. El alba aún no despuntaba pero pronto lo haría.
El burgomaestre se había marchado, al menos, hacía 2 horas. El juglar no podía evitar preguntarse "A qué esperaba Telpontoc para hacer caso de su advertencia". Aunque era un poco capciosa ya que sabía la respuesta y, por ello estaba allí, vigilando. El sastre no era muy dado a la precipitación ni la improvisación, así que estaba completamente seguro de que lo haría todo con calma. Tal vez, en aquella situación, una calma excesiva.
Efannis miró una vez más desde las sombras del callejón, donde se escondía tras unos toneles vacíos, las ventanas de la casa del sastre mayor de Pertasin. El alba aún no despuntaba pero pronto lo haría.
El burgomaestre se había marchado, al menos, hacía 2 horas. El juglar no podía evitar preguntarse "A qué esperaba Telpontoc para hacer caso de su advertencia". Aunque era un poco capciosa ya que sabía la respuesta y, por ello estaba allí, vigilando. El sastre no era muy dado a la precipitación ni la improvisación, así que estaba completamente seguro de que lo haría todo con calma. Tal vez, en aquella situación, una calma excesiva.
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03 febrero 2010
1 Casi Ready
A falta de la capa de barniz mate (lo que apagará algunos brillos de más en la mini) y la peana, este es el primero de 6 que conformarán una unidad de caballeros tumularios, para mi ejército de Condes Vampiros.
Saludos




Saludos




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Información al Navegante:
Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!