31 enero 2011
... Arena...
Grité, grité una vez más como había hecho cientos de veces ya. Estaba atrapado en el mar de arena. Un lugar del que no había escapatoria puesto que cada noche los vientos soplaban a un lado y a otro levantando millones de granos de arena. Llevándolos de un sitio a otro. Borrando dunas y creando otras. Así, jamás el paisaje era el mismo de un día para otro, pero todo seguía siendo lo mismo: desierto, lleno de arena y donde esperaba una muerte lenta y agónica.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Información al Navegante:
Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada