Divorciada, con cuarenta y ocho años y sin trabajo no veía futuro. Era o demasiado mayor o con poca experiencia, pero no encontraba trabajo. Otra causa añadida para el “no” era que tenía un hijo pequeño y necesitaba un horario flexible porque estaba sola. María Asunción tenía una preocupación en su corazón, su hijo. Únicamente podía hacer una cosa y era seguir intentando entrar en aquel mercado laboral casi imposible mientras aún tuviera los medios para rellenar un currículo e ir limpia y bien vestida a las entrevistas, manteniendo la esperanza de encontrar algo que le permitiese sacar a su familia adelante. Pero cada vez estaba más difícil y cada noche tardaba horas en poder conciliar el sueño pensando qué iba a ser de ella y su hijo; porque más de una vez se imaginaba en la calle pidiendo.
En esos momentos en los que intentaba dormir, se acordaba aún más de ese mundo falso e idílico que cada día trataban de vender en la televisión, los periódicos y casi cualquier otro medio de comunicación. Aquellas noticias de terribles catástrofes, de lo mal que se pasaba en otros países y luego como contrapartida, lo bien que vivían los famosos, sus graves problemas emocionales o con los “paparazis”... Y entonces, en algún momento de la noche el cansancio le vencía y por fin podía dormir algunas horas, en las que tal vez soñaba, a veces, que realmente estaba en un mundo solidario en el que existía la igualdad y, tal vez, la esperanza.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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