21 abril 2011

Fragmento Inacabado...

            Nada se veía en el valle a causa de la niebla, que a pesar de avanzar ya  las horas sobre el alba seguía extendiéndose y avanzando. El sol era incapaz de disipar el espeso manto blanco. Ni siquiera se veía el final del valle desde la torre de la fortaleza situada en la falda del monte Hurd
            - Algo viene en la niebla- Dijo Edhar , cuyos ojos eran más penetrantes que los de otros hombres- ¡Qué los guerreros estén preparados, Iéldor!
            Iéldor respondió con un gesto de cabeza mientras intentaba ver lo que Edhar. Tras unos segundos sin conseguirlo, dio media vuelta y bajó los escalones de piedra que llevaban al patio interior y de ahí a los barracones.
            Edhar seguía en la misma posición cuando Iéldor regresó para decirle que los guerreros estaban preparados. Mirando a la niebla directamente, como si mirase a un enemigo a los ojos. Aún debieron de suceder dos horas más para que Edhar volviera a hablar. Para entonces la niebla llegaba a los muros de la fortaleza. Los quinientos guerreros apostados a lo largo del muro principal esperaban ansiosos las órdenes de su capitán, con sus arcos listos para disparar contra un enemigo que sólo él veía.
            - ¡Nuestro destino está cerca!
Gritó mientras desenvainaba la espada y la alzaba. Ni un sonido más se oyó durante unos minutos en los que la niebla terminó por cubrir también a los guerreros en la muralla. Fue entonces cuando  Edhar bajó su espada mientras exclamaba con un grito que resonó en todo el valle.
- ¡Disparad!
En ese momento quinientas flechas volaron contra la masa blanca de la niebla. ¡Quinientas saetas sobre un enemigo que no veían! ¡Qué no veían hasta ese momento!, pues en el instante en que cada guerrero liberaba la mano que retenía el virote sobre el tenso arco el enemigo apareció al frente, al pie de la muralla blanca de la fortaleza de Seldié sobre el monte Hurd. Quinientos enemigos fueron muertos.
- ¡Disparad!
Y de nuevo el grito de Edhar se oyó por todo el valle. Y quinientas nuevas flechas acabaron con otros tantos enemigos. En silencio, siempre en silencio. Ningún grito salía de la garganta del enemigo inmerso en la bruma blanca. Tan sólo el silbido de las saetas atravesar el cielo y caer sobre el enemigo informe. La niebla retrocedió. Poco a poco. Alejándose hacia el valle. Edhar enfundó su espada y bajó los escalones de la torre para dirigirse al salón del trono, antes dijo.
- ¡Qué los hombres descansen! Pero que algunos vayan a ver si hay restos del enemigo. Aunque lo dudo. Voy a ver al rey.
El salón del trono era una amplia sala cuadrangular con cuatro pilares que soportaban el elaborado techo de piedra. Aquel salón era el centro de la fortaleza. Tenía una entrada principal y dos más pequeñas a los lados por donde entraban los sirvientes. Las paredes estaban cubiertas por completo con tapices de los más extraños y variados. Al fondo estaba el trono, simple, de hierro, madera y un poco de oro en el respaldo por encima de la cabeza del rey y, alguna que otra gema. Edhar se arrodilló frente al rey y no se movió hasta que su señor le habló.
- Mi señor, acabamos de rechazar al enemigo...
- ¿¡Qué enemigo!?- La voz pertenecía al hijo del rey- Los hombres ya han vuelto y no hay rastro de ningún enemigo, aunque claro, es normal, no se puede herir a la niebla.
- ¡Acaso insinuáis qué no había ningún enemigo en esa bruma que se acercaba!
- ¡Sí!¡Así es!
- Sabed que estáis poniendo en duda...- Edhar se sonrojaba por momentos.
            - ¡Basta!- Gritó el rey- Edhar por favor, esperad fuera.
            Edhar hizo una inclinación a su rey y al volverse clavó una mirada asesina en el hijo de éste. Ante lo cual el príncipe sonrió sarcásticamente. 
Edhar llevaba horas recorriendo el patio de armas en un sentido y en otro, pues esperaba impaciente el regreso de dos hombre que había enviado a explorar. El hijo del rey se acercó a él deliberadamente con varios de sus hombres, su guardia personal. Al pasar al lado del capitán le dijo.
- Mi padre ya ha visto vuestra locura, os está esperando.
- Sabed que si no fuera por el aprecio que le tengo a vuestro padre, os daría una lección príncipe Mercar.
- ¡Sí!, ¡pero seguid esperando a vuestros perros!
Ninguna palabra más salió de la boca del príncipe pues era callada por un puñetazo de Edhar. Ante esto el príncipe desenvainó su espada y atacó a matar, pero Edhar era un curtido guerrero y esquivó con facilidad el ataque asesino del príncipe, pudiéndole asestar un golpe en el antebrazo que lo desarmó. Fue lo último que hizo antes de que alguien le golpeara en la cabeza y perdiera el conocimiento.
Cuando Edhar recuperó el conocimiento, se encontraba en la mazmorra. Llamó a los guardas, pero nadie acudió, los que estaban aquella vez al otro lado no eran hombres suyos, sino de la guardia personal del príncipe. Las horas se le hacían interminables. Al fin llegó la noche y aún no había hablado con nadie. Ninguno de sus hombres había ido a verle, nadie le había explicado lo que hacía en aquella cárcel. De pronto algo golpeó contra los barrotes que daban al exterior. Otra vez. Alguien arrojaba piedras contra el ventanuco. Se asomó. Allí estaba Iéldor con otros dos hombres. La siguiente piedra llevaba envuelto una tela con un mensaje escrito y un carboncillo para que pudiera responder.
“El viejo Hissac dice que debemos sacarte de ahí, que pretenden matarte y que no se te ocurra decir que hablarás con el rey, solo su hijo y los consejeros, aquellos que están con ¡ese pérfido!, pueden verle. Si te quedas lo más seguro es que mueras ahí. Esta tarde han llegado muchos más hombres a los cuales no conozco, pero todos ellos portaban la marca de la guardia personal del príncipe. Nos superan en cuatro a uno, así que hemos de sacarte de ahí.”
     No, hablaremos con el rey, no creo que su hijo consiga cegarlo tanto.” Fue su respuesta ante la que se retiraron Iéldor y los dos hombres, no sin que éste le lanzara una mirada desesperada.

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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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