Oigo lejano el sonido que
suavemente los tonos
Dejan ya de alcanzarme.
A la luz le pasa algo
Ya no es como antes
La sombra la cubre.
Y el suave tacto rugoso
Del envés verde
De la fragancia rosa
Es ahora aún más liso.
Lo que me tapa y destapa
Me cubre y no me cubre
Es ahora abierto y cerrado
Pues ya no existe
Ni el frío ni el calor.
Y el espejo luminoso
Que miraba al cristal
Verde y azul, a veces.
Se ha vuelto opaco.
Profundo el pozo brillante
Lleno de plata y oro
De cosas llamadas
Alegres y tristes,
Dulces y amargas.
Cubriendo la lisa roca
del negro vacío.
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