Carlos no hacía más que mirar el reloj. Llegaba tarde y odiaba hacerlo. Cuando llegó al portal del bloque número cuatro se paró en seco y apoyando las manos sobre las rodillas, descansó y tomó aire durante unos segundos. Se incorporó y se acercó al portero automático. Tocó uno de los botones y tras unos segundos de espera se escuchó una voz al otro lado del micrófono.
- ¿ Carlos?
- Sí.
- Enseguida bajamos.
A los dos minutos Andrés y Quique aparecían.
- ¿ Qué tal? ¡Cuánto tiempo!- dijeron Andrés y Quique.
- Muy bien, ¿y vosotros?- contestó Carlos al tiempo que estrechaban las manos.
Hacía un año que no se veían. Mientras se contaban resumidamente lo que había sido de sus vidas durante el último año comenzaron a caminar. No tardaron mucho en sumirse en un andar silencioso, pues a pesar de tener muchas cosas que contarse, en aquellos momentos estaban simplemente disfrutando de la compañía. Ya tendrían tiempo de hablar más tarde.
Eran las nueve y veinte de la noche para cuando llegaron a su destino, un local llamado “The Green Goblin”. Era éste una cervecería de tipo irlandés, que tanto se habían puesto de moda en los últimos años, la cual habían frecuentado durante su época en la universidad. Cuando entraron, numerosos recuerdos llegaron a su memoria. Nada había cambiado. La entrada seguía dando paso a un pequeño recibidor en el que había dos escaleras de cinco escalones que te llevaban a la zona donde estaban la barra y las mesas. Seguía estando el pequeño pozo de los deseos en cuyo fondo podían verse las monedas que había ido echando la gente desde la inauguración del local hacía ya nueve años. Se sentaron en una mesa al fondo y a la izquierda. En el mismo lugar que intentaban sentarse siempre. Podría decirse que aquella mesa era su mesa. El local no estaba muy lleno pues era jueves. Tras uno minutos de deliberación se pusieron de acuerdo sobre lo que iban a pedir. Llegó el camarero y tomó nota de todo. Casi inmediatamente el camarero trajo las cuatro bebidas que habían pedido. Cada uno tomó su pinta de cerveza y bebieron un trago sin apartar su mirada de la cuarta jarra.
- ¿Parece mentira que haga ya un año verdad?- dijo Carlos con un timbre melancólico en su voz.
- Sí, tú lo has dicho... Parece mentira- contestó Andrés con la mirada perdida en el contenido de su jarra.
- Hagamos un brindis- dijo Quique atrayendo la atención de Carlos y Andrés- ¡Por Esteban!- exclamó al tiempo que alzaba su jarra.
Y los tres chocaron sus jarras con la cuarta y luego entre las suyas. Bebieron un largo y silencioso trago. Entrecerraron los ojos mientras cada uno traía un recuerdo.
- Yo aún no me creo lo que pasó- dijo Quique separando la jarra de sus labios- Fue todo tan extraño. Mitad sueño, mitad pesadilla...- no terminó de decir lo que pensaba. No encontraba las palabras.
- Tranquilo, a todos nos pasa lo mismo ¿no Andrés?
- Así es. Pero para eso estamos aquí también.
- ¡Silencio!- dijo Carlos- ¡Escuchad!
Andrés y Quique guardaron silencio y en unos segundos reconocieron por lo que Carlos los había hecho callar. De los altavoces empezaba a brotar una canción “ With or Without you”. Los tres la escucharon atentamente, en silencio, concentrándose en los buenos recuerdos que les traía aquella música.
- Nunca mejor dicho “ con o sin ti”- dijo pausadamente Carlos mientras una leve sonrisa marcaba su rostro.
- Ciertamente curioso y significativo que hayan puesto música de U2 y además que lo hicieran empezando por esa canción- dijo Quique continuando con el hilo de pensamiento de Carlos. La música seguía sonando.
- El grupo favorito de Esteban y su canción favorita- concluyó Andrés.
Se podía escuchar ahora “Gloria”. Terminaban ya la primera ronda de cervezas y pidieron una segunda, esta vez acompañada de algo para comer. En ésta ocasión tardó el camarero más tiempo en servirles pues el local ya estaba algo más lleno. Eran las diez de la noche.
- Yo de aquella semana no tengo más que un vago recuerdo, me resulta todo muy confuso. Fue tan extraño...- dijo Carlos. Bebió un trago más de su cerveza y prosiguió- Esa sensación de incapacidad, de impotencia. ¡ Me sentía inútil! No se si a vosotros os pasó lo mismo o algo parecido- dejó estas últimas palabras en el aire como preguntando.
- Te entiendo perfectamente. Yo también me sentí así. Incapaz de hacer nada o de ayudar en lo más mínimo. Me pareció que estaba sobrando.- comentó Andrés.
- Inaudito, simplemente. Fue como chocarse con un muro que no parecía tener fin ni a lo largo ni a lo ancho. En mi vida me sentí más torpe, más... Como tú has dicho- dijo Quique mirando a Carlos- ¡Inútil!
- Y la verdad es que no fue así, hicimos mucho, aunque no nos diéramos cuenta hasta el final. O al menos eso quiero creer, a pesar de cómo terminó todo
- Yo tengo mis dudas- dijo Andrés mirando a Carlos que acababa de hablar- Si de verdad hicimos algo, no fue suficiente. O no estaríamos hoy aquí.
- Yo comparto más la opinión de Carlos ya que, ¿qué podíamos haber hecho aparte de lo que hicimos?
Andrés se encogió de hombros.
- Lo que pasó era superior a nosotros. No podíamos hacer más que estar allí y escuchar, ¿o es qué de haber podido hacer algo más no lo habríamos hecho?- dijo Carlos mirando a Andrés con seriedad.
- Bueno, supongo que sí. Va siendo hora de pedir otra ronda ¿no creéis?- concluyó Andrés mirando las jarras de sus amigos y la suya propia.
Eran las diez y veinticinco para cuando pidieron la tercera ronda de la noche. A las once menos veinte el camarero se la traía. Cuatro pintas más...
- ¡Ah! Esto es gloria- dijo Andrés saboreando la tercera cerveza y recostándose un poco más en el asiento.
El local estaba bastante lleno ya a aquella hora para ser un jueves.
- En cierto modo Esteban fue afortunado- dijo Carlos.
- ¿Cómo?- dijo Andrés con sorpresa retirándose de los labios la jarra rápidamente.
- Sí, lo que pasó, dentro de la desgracia, fue hasta ideal, creo que es lo que nos trató de decir aquella noche. Lo he entendido ahora y mira que le he dado vueltas durante todo el año- Carlos se permitió una pequeña sonrisa.
- Como no te expliques mejor...- dijo Andrés mirando a Quique que tenía la misma cara que él.
- Sí, yo también me he perdido- dijo Quique mientras se llevaba un trozo de queso a la boca.
- ¡¿Dónde estáis?!¿Recordáis la última noche que pasamos con Esteban?- Ambos asintieron- ¿Todo lo que nos contó?- Andrés y Quique volvieron a asentir. Seguían con interés el hilo de pensamiento de Carlos.
- Creo que ya se por donde vas- comentó Andrés poniéndose algo tenso. Tomó un nervioso trago de cerveza- Nunca lo había visto de esa manera- esas últimas palabras le costaron un esfuerzo pronunciarlas.
- ¡Me gustaría participar en la conversación!- dijo Quique con ese tono fingido de enfado que tan a menudo solía adoptar para chinchar- Me acabo de volver a perder.
- Es probable, ya que acabamos de dar otro salto y aquella vez tú no estabas con nosotros.
- ¿ Estamos hablando de “aquella noche” en el parque?- preguntó Andrés aunque sabía la respuesta.
- Efectivamente. Aquella noche tras una semana desastrosa.
- Creo que ya se donde estáis. Aquella noche donde concluisteis que el mundo era un lugar donde sólo se venía a sufrir, donde todo estaba mal y que no podías hacer nada para cambiar el mundo. Que era un lugar donde hasta el más mundano de los sueños era imposible de convertirse en realidad- dijo Quique en un tono levemente alegre.
- Esa misma noche, sí- dijo Carlos- Si mal no recuerdo te contamos a la semana siguiente todas las cosas que dijimos con aire de sorpresa, como sin creérnoslo, porque habíamos dicho cosas demasiado fuertes para nuestra edad, para el poco tiempo que llevábamos en este mundo.
- Recuerdas bien- intervino Andrés- Pero ahora dime que no llevábamos razón... Míranos- y sonrió levemente- En el fondo seguimos siendo ,ahora mismo, aquellos jóvenes-adultos, aquellas personas raras... ¿ o no?.
- Hombre, no tan raras- dijo Quique.
- ¿No? ¿Cuántas personas conoces que hagan o hayan hecho lo que estamos haciendo nosotros?
Para eso no tuvo respuesta Quique que miró a Carlos como pidiéndole ayuda, pero Carlos tan sólo se encogió de hombros mientras apuraba lo que le quedaba en la jarra.
- Bueno, vale tú ganas- dijo Quique con una amplia sonrisa y mirando a Andrés.
Pero si esperaba que Andrés le devolviera la sonrisa no pudo equivocarse más. Éste volvía a estar tremendamente serio.
- ¿ Qué te pasa “don Seriedad”?- dijo Quique jovialmente.
- Le pasa- dijo Carlos dirigiéndole una mirada a Andrés como pidiéndole permiso para
hablar que aquella noche también hablamos mucho sobre la vida y la muerte, y Andrés le dijo a Esteban, si mal no recuerdo: “ ¿ Tú cuando esperas morir?”. A lo que Esteban respondió: “No lo sé pero no creo que dure mucho, además me gustaría elegir cuando morir...”
- A lo que yo contesté: - prosiguió Andrés- “Pero eso no se puede hacer”. Lo dije mirándolo con una cara de sorpresa e incredulidad sin atreverme a formular una pregunta, que ya te puedes imaginar cual es- tomó una bocanada de aire- Y él me dijo “¿ A no?” a lo que yo le contesté ¿¡No!?, pero no sonó muy convencido. La verdad es que no le hice mucho caso y ahora me preocupa eso, me siento mal por mi incredulidad.
- ¡ Un momento!- dijo Quique- No estarás insinuando, no estarás insinuando- se repitió Quique le costaba trabajo decir lo que pasaba por su mente- ¡¿Qué Esteban se suicidó?!- Miró nerviosamente a Andrés y Carlos.
- ¡No!- dijo Carlos- No es eso, simplemente ahora estamos convencidos de que Esteban decidió abandonar éste mundo aquella noche. Simplemente...- se detuvo no encontraba la palabra, se le había ido.
- Simplemente se durmió para no despertar- dijo Andrés capturando lo que se le había ido a Carlos de la cabeza.
- Pero... ¡Eso no es posible!- dijo Quique tomando otro trago más de cerveza.
- ¿Por qué no?- preguntó Carlos sonriendo.
- Porque...porque- Quique estaba comenzando a ponerse nervioso.
- No te pongas nervioso “peque”- dijo Andrés- Mira, nunca os habéis preguntado como pueden suceder algunas muertes, me refiero a esas muertes de personas que se suponen muy sanas y sin venir a cuento les da un infarto o simplemente se mueren, así sin más. Y los médicos no saben dar una explicación razonable, lo achacan sencillamente a un disgusto o a una combinación de medicamentos que te han debilitado o a una combinación de estas dos cosas.
- Ese fue el caso de Esteban, un gran disgusto- dijo Quique rápidamente.
Carlos escuchaba atentamente lo que decía Andrés, le gustaba cuando éste se ponía a razonarlo todo, era sorprendente como lo hacía. Miró a Quique unos segundos, ya se le habían pasado esos nervios que habían estado a punto de florecer y se sorprendió bastante pues se dio cuenta de que aún no conocía del todo a sus mejores amigos. Nunca hubiera pensado que hablar sobre la “muerte” pudiera alterar a Quique de ese modo, Quique que siempre se reía de todo y que fue el que los animó en todo momento la semana antes de la muerte de Esteban y también después. Sonrió y apuró la cerveza. “Es curioso como nos afectan las circunstancias y como cambiamos y al mismo tiempo no lo hacemos”, pensó.
- Sí y no- continuó Andrés- No se si sabrás que la mayoría de esas personas cuando aparecen muertas están como contentas y por regla general se las encuentran realizando un acto cotidiano. Te voy a poner un ejemplo: a un tío mío, con 50 años, lo encontraron en el sillón por la mañana con una taza de café en la mano y media tostada sobre un plato. Y la noche anterior había estado jugando a las cartas con sus amigos del trabajo. Murió de un infarto. El primero que le daba. Yo creo que estaba feliz en esos momentos y decidió marcharse con esa alegría.
- Estas un poco “chalaillo” ¿no?- dijo Quique recobrado totalmente ya de los primeros momentos tensos, poniendo ya su característico tonillo desenfadado- Pero yo también debo estarlo porque ahora que lo pienso, llevas razón. Es bastante cierto todo que lo has dicho y si bien Esteban se llevó un gran disgusto, cuando hablamos con él la última vez parecía que lo había superado ya.
- Deberíamos pedir otra ronda más- dijo Carlos.
Eran las once y media para cuando pidieron la cuarta ronda. A las doce menos diez se la trajo el camarero.
- Bueno realicemos un último brindis- dijo Carlos- ¡ Por la amistad!
Chocaron sus jarras entre ellas y con la cuarta jarra. Bebieron en silencio tranquilamente pero sin separar las jarras de sus labios.
- ¿Nos marchamos ya?- preguntó Andrés cuando terminaron de tomarse la cuarta y última ronda. Carlos y Quique asintieron. Pidieron la cuenta y hacia las doce y veintidós salían del local.
Carlos se detuvo unos segundos a respirar el aire de la madrugada y a mirar el cielo nocturno a pesar de que en la ciudad no se veía muy bien, pero lo adoraba.
“¡ Cómo te hecho de menos! Andrés lleva gran parte de razón decidiste morir aquella noche y lo lograste, pero si, había alegría en ti tras pasar con nosotros una buena tarde de conversaciones, pero como bien me dijiste, para vivir se necesita mucho valor. Para levantarse cada mañana y salir a la calle a luchar contra el mundo hostil, contra un mundo que es demasiado grande para que podamos cambiarlo. Eso fue lo que quisiste decirnos, que habías perdido las ganas de luchar por la vida y que no las perdiéramos nosotros nunca... ¡Maldito seas! Bueno mientras sigamos recordándote no morirás del todo ¿no?. Ya nos veremos...”
Una voz sacó a Carlos de sus pensamientos.
- Oye ¿qué te pasa?- dijo Andrés.
- Nada, pensaba.
- No irás a dejarnos tú también ¿no?- dijo Quique con sorna.
- No, tranquilos yo aún tengo ganas de vivir- dijo Carlos al tiempo que una enigmática sonrisa se marcaba en su rostro- Por cierto, la semana que viene me caso. Os espero ver en la boda. Andrés y Quique se quedaron muy sorprendidos. Lo felicitaron largamente y le prometieron que allí estarían. Con esta alegre noticia se despidieron.
Carlos puso rumbo a su casa mientras pensaba en sus amigos, lo bueno de la vida y lo malo. Sonrió contento de estar vivo. Aquella noche durmió como hacía tiempo.
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