03 mayo 2011
Brújula
De nuevo, una vez más, la aguja giraba sin ningún sentido. Giraba y giraba sin detenerse en ningún momento, loca. Frustrado y cargado de apatía dejó de mirar el instrumento de navegación. Subió a lo más alto del castillo de proa y oteó el horizonte con el catalejo. Nada, allí no había nada. Sólo percibía a su alrededor agua y más agua. El cielo, despejado y sin nubes, tampoco ayudaba a paliar la monotía, al contrario, se sumaba a ella. Lo curioso, es que no tenían ni idea de en qué lugar maldito estaban, porque tenían la certeza de llevar navegando varios días y la noche no había aparecido tampoco. Muchos se preguntaban si no habrían muerto y aquello era el otro mundo. Tal vez, tal vez se habían convertido en un buque fantasma. Tal vez los vivos se cruzaban con ellos y no podían verlos. Pero no, aquellos eran los pensamientos de su tripulación. Él no era un cualquiera supersticioso, tenía que existir una explicación medible y cuantificable para aquello. Sólo esperaba encontrarla antes de que se quedaran sin provisiones y que le sirviera para sacar a sus hombres de allí. Maldijo mentalmente al viento, que se negaba a aparecer.
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Información al Navegante:
Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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