La niebla rodeaba todo el valle e impedía que se vieran los picos nevados de las montañas circundantes. Flotaba sobre las aguas del lago de Lochissre y se movía en remolinos fantasmagóricos, pero permanecía pesada sobre el mismo sitio. Las cuerdas del embarcadero se tensaban y chasqueaban cuando alguna de las pequeñas embarcaciones intentaba liberarse, mecida por el viento o impulsada por alguna corriente. Los tablones crujían bajo el enorme peso del guerrero y el acero de su armadura y armas tintineaban de vez en cuando.
El rostro en el yelmo estaba cansado, soñoliento, las ojeras y las bolsas se acumulaban bajo los ojos. Subió a una de las pequeñas barcas, que se hundió un par de palmos con su peso. Con dificultad se quitó los guantes de malla, que le impedían deshacer el nudo que la aseguraba al embarcadero.
Los remos sonaban con un chapoteo rítmico cada vez que entraban en el agua y salían. Era como un murmullo que no terminara de pronunciarse. No veía donde estaba porque la niebla lo invadía todo: parecía que se moviera en el interior de una nube. Su cuerpo entero estaba lleno de pequeñas gotas heladas de agua. La barca se balanceó lévemente cuando se levantó. Cerró los ojos mientras apretaba fuertemente la empuñadura de su espada contra el pecho. Aspiró profúndamente y saltó.
El golpe con el agua fue tremendo. Le recibió con un sonoro rugido mientras lo engullía. Comenzó a hundirse inexorablemente. Todo a su alrededor era oscuridad, una oscuridad fría y helada, siniestra. Notó como sus pulmones no podían contener más el aire y tenía que liberarlos. Las burbujas ascendieron alejándose de él, cada vez más abajo. Cuando la última salió por su boca, intentó respirar, pero sólo llegó agua. Sintió el ardor y la agonía de la asfixia, tal vez durante unos minutos, aunque viejo y frágil, aún era fuerte. Luego todo se volvió suave y el frío comenzó a resultar lejano y la oscuridad más cálida. Su último pensamiento fue:
Descanso, al fin, descanso...
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
2 comentarios:
Buenísimo relato, por una parte me quedo con mal cuerpo del final del caballero pero con el regusto de que es la decisión tomada por el personaje, ¿sabemos el nombre?.
Un abrazo.
Me alegro de que te guste. Bueno, sí, da un poco de pena, pero... Nombre, no, por ahora no.
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