31 mayo 2011
La Dama Blanca...
Le había llevado tiempo darse cuenta de lo que le faltaba en aquel juego. Resultó curioso como le llegó el conocimiento, así, de golpe y porrazo y casi sin quererlo: ¡"La dama blanca"!, gritó una especie de voz dentro de su cabeza. ¿Y sin esa pieza cómo iba a seguir moviéndose por los escaques? Ya no tenía misión en aquella partida, pero, ¿si el enemigo se lo comía entonces acabaría la partida? ¿volvería a jugar otra? ¿O símplemente el blanco se tornaría en negro y todo terminaría? Así era difícil saber qué hacer. Tal vez lo mejor fuera simplemente lanzarse a la siguiente casilla o, aún mejor, dejar que las otras a su alrededor avanzaran o... Ya era tarde, para cuando quiso alzar su espada el golpe estaba asestado. La madera se quebró y dejó escapar, como si de un grito de muerte se tratara, una suave fragancia a cedro... Todo había terminado.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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