Llevaba un día subido a aquel barco y ya estaba convencido de que había sido una mala decisión. En verdad porque al final había considerado mejor quedarse en tierra. Había estado convencido de que mientras vieran tierra le permitirían coger un bote y regresar a la costa, pero no era así: sólo podría haberlo hecho a nado, cosa que ya podría haber hecho la vez anterior, pero eso era una condena a muerte, eso sí, más rápida que la de ahora.
Estaba enfrascado en un viaje que duraría tres años y que sabía que no le reportaría nada, salvo agotamiento, cansancio y menos esperanzas, porque mañana, todo sería más difícil: la edad no perdonaba. No pudo menos que soltar una carcajada agria, falsa, forzada y grave. No hacía tanto que pensara muchos días sobre malas decisiones tomadas y, por lo que estaba viendo no había aprendido o, como poco la equivocación resultó ser tremenda. No hacía más que maldecirse. Lo peor, es que sabía que cada día despertaría sabiendo que se equivocó y no había nada que pudiera hacer para remediarlo. Rió, rió aún más al recordar lo que hasta hacía dos días había considerado como una mala decisión, una de las peores de su vida, tomada hacía unos pocos años. Escupió por la borda a la vida, a sí mismo. Salvo un golpe del destino, sabía que ya había fracasado en su existencia y, aquello, aún le resultaba más amargo. Se planteó incluso arrojarse por la borda, pero eso sería aceptar por completo la locura y la derrota: eso sí era la muerte segura, el fin de todo. Entonces, pensó, que algo de esperanza cabía aún en su pecho, pero eso sí, una pobre esperanza, condenada a una muerte lenta y agónica, porque bien sabía el destino que correría. Así que, allí estaba, echado en la barandilla, cumpliendo con sus tareas, mientras sabía que no podría ser feliz, al menos, en mucho tiempo. Sintió un acceso de bilis. Era un ciego en verdad. De nuevo se había equivocado sabiendo la respuesta, habiéndola tenido entre las manos. La única explicación es que era estúpido. No tuvo arreglo aquella vez, ni lo tendría ahora. "¿Aquello sería lo que tendría al final de su vida? Recuerdos de malas decisiones. Probablemente, sí".
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Información al Navegante:
Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada