24 junio 2011

Relato de San Juan

Noche, de luna, noche corta, noche de San Juan. El aire agitaba mis cabellos y refrescaba mi piel. Me alejé de las voces, me alejé de los fuegos y me interné entre las sombras susurrantes del bosque. A lo lejos escuché las lágrimas de una mujer. Era menuda, de cabellos marrones y fuertes, como las raíces de un árbol y su piel era marrón clara, como el color de la tierra. Sus ojos negros como el azabache y sus dientes como la plata de la luna. Era una ninfa, un hada de los bosques. Cuando me acerqué me miró fíjamente, convirtiendo en nada los matojos tras los que me oculté a observarla en sus lágrimas.
-Ven aquí y dime qué deseas.-dijo con una voz que sonaba como un río cristalino al rodear las rocas del lecho por el corre. Como si algo tirara de mi salí y me acerqué al claro donde estaba, sentada sobre el tocón de un antiguo roble. Estaba desnuda.
-A una mujer.-dijo con dulzura.-Es tu anhelo más querido. Tu corazón late una y otra vez.
No tenía voz para responder, pero qué falta hacía si aquella criatura parecía leer en mi alma como yo leía un libro. Y sí, era cierto que amaba, que amaba en secreto y vertía lágrimas mientras esperaba el imposible de ser correspondido.
-Yo puedo dártela.
Y entonces pude hablar.
-¿Qué he de hacer?
-Yacer esta noche conmigo. Tómame como si fuera aquella a la que amas y al alba despertará entre tus brazos, con su corazón rendido para ti. Como mujer amante, para siempre.
Y así lo hice, me quité las ropas y la rodeé entre mis brazos. Hicimos el amor bajo el cielo estrellado, bajo la luna. Pero cuando desperté, tenía sobre mí cientos de hojas de árboles, y tierra. El viento no soplaba y el cielo ya no era el de verano. Me levanté y mis huesos crujieron. Me arrastré hasta el arroyo y ví mi imagen reflejada en el agua. Ya no era yo, ya no era un joven, sino un anciano. Y entonces recordé lo que debía haber recordado aquella noche de San Juan: que durante ese tiempo, ese pequeño fragmento en el que la realidad se quiebra y la magia se libera, campan a sus anchas tantas criaturas y entre ellas están las ninfas de la corteza, que acuden a los bosques en busca de jóvenes enamorados incautos, cuyo mayor deseo es encontrar un duende que transforme su amor en algo más. Así que recordé, recordé cuando ya era tarde.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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