Imaginemos las siguientes frases en una discusión provocada por alguna cosa, que ahora mismo carece de importancia:
[...]
-Si le hubieras dado valor a lo nuestro no habrías hecho lo que has hecho.
-Lo mismo te digo yo, si tú lo valoraras como dices, entonces no le darías importancia a eso.
[...]
Ambos interlocutores esgrimen un argumento, el mismo, lo que de alguna manera invalida por completo cualquier opción de argumentación. ¿Qué quiero decir con esto? Que tener argumentos, ni siquiera cuando son buenos, no nos garantiza tener razón. Y que desde luego, si se esgrimen similares argumentos para posiciones contrapuestas, entonces éstos se invalidan y pierden su utilidad (O, desde luego, uno de ellos es erróneo)
Además, parece claro que la posesión de un argumento, no garantiza la posesión de la razón, sólo que tenemos una herramienta para convencer.
Supongo que la razón se tiene por otras circunstancias diferentes a los argumentos y, sobre todo, es algo cuanto menos, arbtriario y subjetivo.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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