Hacía mucho tiempo que no dormía al raso, tal vez demasiado. Sería un fin de semana a mediados de mayo. Lo cierto es que cada vez más esos recuerdos se disipan y se convierten en una foto borrosa, pero las sensaciones se mantienen intactas.
Me desperté en mitad de la noche como si algo me hubiera tocado el hombro. Miré a un lado y a otro, pero nada, todos mis compañeros dormían. Entonces atisbé de refilón un brillo dorado y pálido que se movía entre la hojarasca. Me levanté y me acerqué. La luz se alejó despacio, como si me incitara a seguirla y así lo hice. Caminé, posiblemente durante diez minutos, en la oscuridad de la noche sin tropezar ni chocar con nada. Era como si las piedras, los árboles y arbustos me dejaran paso.
Y así llegué hasta la laguna. La luz se mostraba al otro lado de un grupo de juncos, justo a la orilla. Despacio, intentando caminar en silencio me acerqué y, desde el otro lado de los juncos observé apartando algunos. Mis labios se secaron, mi respiración se entrecortó, mi corazón latió con más rapidez y comencé a sudar. Era una mujer joven, menuda, de piel pálida y cabellos largos, dorados y ondulados que le caían por la espalda desnuda hasta llegar al final. Y al lado de la prodigiosa melena, naciendo de los omóplatos, unas suaves alas casi transparentes, parecidas a las de una libélula.
Empezó a entrar en el agua sin hacer ningún ruído, era como si el agua la cogiera en un abrazo. Cuando le cubría hasta la cintura se giró y miró directamente hacia donde estaba. Sus ojos eran como rubíes, sus labios pequeños y rosados y, sus senos pequeños y redondeados. Ví como sus labios se movían y decían << Ven >>. Salí de donde estaba y entré en el agua, con un estruendo. Abrió sus brazos y nos fundimos en un beso mientras percibía el calor de su cuerpo y su dulce fragancia a moras. Después de eso sólo recuerdo un pesado despertar entre unos árboles, lejos de mis amigos.
Muchas veces me han dicho que aquello fue un sueño, pero yo sé que no lo fue aún cuando el recuerdo se vuelve gaseoso como una niebla que se disipa. ¿Y por qué? Pues aparte de porque aquel beso y aquel abrazo, el tacto de esa piel, no podían ser fruto más que de la realidad. Cuando desperté tenía entre los dedos esto. Sí, son algunos de sus cabellos y hasta hoy no se los había enseñado a nadie. Y por eso es porque quiero volver a aquel lugar una vez más antes de morir.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
2 comentarios:
me gusto, me gusto, escribes de maravilla, sigue asi
saludos
Bienvenido,
gracias, me alegra que te guste :)
1 Saludo
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