25 julio 2011

Fragmento...

Hacía horas que vagaba por aquellos túneles aparentemente interminables y que se separó del consejero Hilach y Nifrael, el antes escudero de su señor, el mariscal Tenaar, y ahora joven caballero. Letos miró por encima de su hombro, se detuvo y durante unos segundos permaneció escrutando la oscuridad que acababa de dejar tras él. Se concentró especialmente en los sonidos que llegaban a sus oídos. Sólo pudo escuchar su respiración y su corazón acelerados y el agua correr por aquel canal del sistema de alcantarillado. Continuó su camino fatigado, sin perder de vista las distintas vías que aparecían en su camino, atento siempre a cualquier variación en las sombras y las bifurcaciones.

Media hora después de su ultima parada Letos estaba casi convencido que se había perdido aunque le resultaba difícil de creer. Aquellos canales eran un auténtico laberinto. Por ello había sido una buena idea adentrarse en ellos para dar esquinazo a los sicarios que les perseguían, no obstante, ahora comenzaba a preguntarse si realmente había sido buena. Algo había cambiado en los canales, algo sutil que le había hecho perderse, aquello no podía ser bueno Al fin divisó la salida, o lo que él creía que era una. Con cautela salió de las aguas fangosas y putrefactas y, comenzó a ascender por la escalera. Fue entonces cuando escuchó un leve chapoteo amortiguado. Se concentró y dedujo que eran dos pares de piernas lo que implicaba que eran sólo dos hombres. Prestó más atención mientras desplazaba su mano hacia la empuñadura de su daga y se acoplaba en el pequeño hueco de la escalera, ocultándose. Difícilmente podrían verle desde allí.

Los pasos se acercaban lenta pero inexorablemente. Tomó aire. Una bocanada larga y profunda y espiró lenta y suavemente. Repitió el proceso varias veces. Notaba como la tensión aumentaba en su cuerpo y mente. Cómo la adrenalina se volcaba en su torrente sanguíneo y todo él se preparaba para el combate. Tenía que acabar con los dos hombres en el mismo asalto y ninguno debía proferir el más mínimo grito.

Los pasos cada vez se oían más cerca, sentía como la presencia de los dos hombres se aproximaba. Iban exactamente en su dirección pero despacio, parecía que uno de ellos caminaba con dificultad. Eso facilitaba las cosas. Unos metros más y estarían justo debajo de él, fue entonces cuando los escuchó hablar.

- Está ahí. Lo encontramos.
- Menos… - Una pausa corta - Mal.

La segunda voz hablaba con esfuerzo. Ambas le eran conocidas. Saltó de donde se encontraba y cayó al suelo lentamente, controlando cada ápice de su cuerpo en la caída, casi sin hacer ruido a pesar de golpear contra la sucia agua.
- ¿Cómo me habéis visto?
- Las explicaciones luego capitán, ahora ayúdeme con el consejero.
Letos ayudó a Nifrael con Hilach y se acercó nuevamente a las escaleras que llevaban hasta la salida.
- Por ahí no.- La voz, un susurro apenas, era la del anciano.- Por allí.

Señaló con su huesuda mano una bifurcación del túnel más allá. Letos observó que ahora había un poco más de claridad en el túnel, distinguía, aunque aún de forma vaga algunos contornos y podía ver a sus compañeros con bastante precisión; la suficiente como para apreciar el temblor en la mano del consejero y una palidez marmórea, así como gotas de sudor en su rostro. Por unos instantes estuvo tentado de llevarle la contraria, sus dos argumentos: que ya conocía aquellos túneles y que el estado del hombre no aseguraba que estuviera lúcido, pero empezaba a entender lo que pasaba. Sin pensarlo más siguió la indicación y caminó tras Nifrael.

No tardaron mucho en alcanzar una salida del alcantarillado que daba a una calle solitaria, pequeña y carente de iluminación. Ideal para aparecer sin llamar la atención. Con precaución Letos asomó la cabeza por la esquina y observó la calle a la que podrían salir. Allí, frente a ellos estaba “La Cerda-Loba”, la posada donde había quedado con algunos de sus antiguos camaradas.


Este texto que os presento es un fragmento de algo que escribí hace mucho tiempo y representa un poco el cambio sufrido en el concepto cuando empecé a escribir la historia a la que pertenece este fragmento y el ahora. En realidad este texto "ya no existe" ni existirá, casi con toda seguridad, en el conjunto del todo en el que se ha convertido dicha historia.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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