He decidido empezar (una vez más) una "saga" o más bien, una serie de entradas con cierta relación. La idea es hacer unos quince relatos, de tal forma que se publiquen periódicamente cada dos días durante el mes de Julio. En algunos casos podrá ser que algunos tengan continuación en el siguiente y, en otros, simplemente relatos relacionados con la temática, pero de empezar y terminar. Espero que sean de su agrado.
Muertos Matados 1.
Los grillos cantaban alegremente aquella noche cálida de verano.
Habían quedado a las diez para salir y llegar así, antes de las once al cortijillo de Luis. Querían aprovechar aquella noche de viernes de Julio para ponerse al día. Hacía casi un año que no se veían. La cerveza, los tintos y después, otras bebidas algo más fuertes, habían corrido hasta las tres de la mañana. En un estado de embriaguez lamentable Juan retó a Luis y su hermano Francis a conseguir una calavera antes del alba. Así era como se encontraban, en aquel preciso instante, ante el muro del cementerio del pueblo.
La tapia no tendría más de tres metros de alto y además en varios sitios había árboles cuyas ramas sobresalían por encima de él. A Luis le costó diez intentos pasar su cinturón por una de las ramas. Cuando lo consiguió empezó a subir, demostrando una ausencia total de destreza, tirando de la correa y apoyándo los pies en la tapia. Cuando llegó arriba, se subió a la parte alta del muro a horcajadas, sonrió con una mueca estúpida y esperó a que Francis subiera también. Los demás vitoreaban, con voces graves y lenguas pastosas, desde abajo.
Cuando Francis llegó arriba se encaramó al árbol, se tambaleó unos segundos en los que pareció que se iba a caer y bajó descolgándose por el tronco. Luis seguía sentado sobre el muro, pasó la pierna que le colgaba por fuera a dentro y se precipitó al suelo. Se escuchó un intenso ruido de hojas y ramas al partirse, antes del golpe contra el suelo.
Los de fuera, también borrachos, comenzaron a reírse con carcajadas graves. Al poco, los dos dentro también se rieron. Todos echaron a correr hacia una portezuela. Luis y Francis descorrieron el pestillo sus amigos entraron también. Lucas no aguantó más su estómago y, entre carcajadas, soltó la pota. Los otros rieron aún más.
En la semioscuridad, Igna tropezó y cayó en un agujero de boca. Se quedó tendido en el suelo sin moverse. Lucas lo llamó mientras los demás continuaban andando, en eses, por entre los pasillos que formaban las lápidas. Cuando resultó evidente que Igna no se levantaría Lucas se encogió de hombros y, mientras se decía que ya volverían a por él, salió en pos de los demas. Los había perdido de vista, pero oía sus voces y sus risas. Volvió a vomitar pero se limpió con la camisa, sobre la que quedó una enorme mancha de baba amarillenta.
Los tres: Luis, Fran y Carlos, el que había retado a los dos hermanos, estaban cavando sobre una tumba con las manos. Luis y Fran ladraban como si fueran perros. Lucas se quedó mirándolos mientras la baba se le caía entre la comisura de los labios.
Luis dio un salto hacia atrás y comenzó a chillar cuando una mano abierta, seca, huesuda y gris, salió entre la tierra. Fran y Carlos se rieron y, el primero, la cogió, como si fuera a estrecharle la mano a alguien. Los dedos muertos se cerraron sobre su mano y comenzó a hundirse de nuevo. Al principio todos rieron ante los gritos de miedo de Fran, pero cuando la mitad de brazo ya había sido consumido por la tierra, reaccionaron e intentaron tirar de Fran. Lucas se había sentado en el suelo y miraba las "tonterías" que hacían sus amigos. Sólo cuando los vio desaparecer, uno tras otro en la tierra, su cerebro pareció comprender que allí había pasado algo más que el alcóhol. Se levantó y se acercó a ver. Se agachó para ver donde habían caído y entonces, de refilón vio una sombra. Su corazón le dió un vuelco. Soltó un suspiro de alivio cuando se dio cuenta de que era Igna. Pero cuando vio que se abalanzaba contra él sus ojos se abrieron presas del pánico. Sintió el peso del cuerpo del otro sobre él. El olor a podrido junto con el alcohol retestinado le hizo sentir naúseas. La tierra pareció abrirse sobre ellos y tragárselos. Intentó respirar pero su nariz se llenó de tierra negra y húmeda. Un segundo después el cesped sobre la tumba brillaba de nuevo, como si nada hubiera pasado.
Los grillos cantaban alegremente aquella noche cálida de verano, antes del amanecer.
01 julio 2011
Muertos Matados 1
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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