22 julio 2011
Sonido...
Sonido suave, sordo, dulce y melódico. Así me llegaba la voz que arrancaba del metal. Aún hoy, miro la ventana de enfrente y lo veo allí de pie, tocando. Tocando con aquel gesto tranquilo, laxo y con aquella mirada perdida, a mitad de camino entre una simple melancolía y la tristeza. Recuerdo como me asomaba y apoyaba los codos sobre el alféizar, para escucharlo mejor. Siempre envuelta en la oscuridad para no ser descubierta. Y hoy, tras tantos años mirando esa ventana vacía, sigo pensando que noto tu ausencia, que echo de menos ese sonido perdido entre amor y desamor, ese canto solitario.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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