La mandíbula me duele horrores. El puñetazo había sido contundente, o, ¿acaso me habían golpeado con otra cosa? Sí, tenía que ser así. Una mano no podría haberme aturdido tanto, pero ¿qué más da eso ahora? Bueno, excepto que me duele. Creo que incluso se me ha caído una muela, debe de estar por el suelo. Es igual, a donde voy no la echaré en falta.
El muy mal nacido me tiene de rodillas con las manos atadas, si las tuviera libres no seguiría hablando. ¿Por qué no te callas de una vez y aprietas el gatillo?
La boca de la pistola estaba fría, pero ya ni la noto. Supongo que aún me encañona porque el muy cabrón no se ha movido de ahí mientras me está contando su puta vida. Dispara ya, cobarde de mierda. Ahora me dice que "lo malo de matar a un hombre no es arrebatarle su vida, sino que te guste". Será cerdo. ¿Cómo he dejado que este mierda me pille? ¿Cómo? ¡Ah, ya me acuerdo! Le ha ayudado el piojoso del Cencerros. ¡Qué se pudran! ¡Qué se pudran los dos!
No he oído el disparo, pero sé que la bala me ha atravesado la cabeza, así que estoy muerto. ¡Os espero en el infierno, cabrones! ¡Os espero!
06 agosto 2011
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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