El silbido suave y sordo-"ssssh, ssssh"- de la piedra de amolar contra el metal sonaba rítmico. Ellegran, un viejo soldado que había visto más batallas y guerras que ningún otro en aquel ejército y, que había sobrevivido a dos reyes, se acercó al joven capitán que cuidaba su arma, manteniéndola afilada.
El pesado guantelete de malla, recubierto de acero, se posó sobre el hombro del capitán; que siguió con su tarea sin apenas inmutarse.
-¿Qué os sucede, joven Loq'uar?
-Echo de menos mi hogar.-contestó melancólico sin detenerse en su tarea. Algo brillaba en sus ojos.
-¡Ah! La melancolía.
-Hablo en serio, "viejo".-aquel apelativo era cariñoso y así se dirigían la mayoría a Ellegran.
-No lo dudo, "capitán"-contestó con una gran sonrisa.-¿Y sabéis por qué casi lloráis por eso?
-Porque estoy lejos.
-No, nada de eso, sino porque todo eso que os importa lo lleváis aquí dentro.-El viejo soldado de golpeó el pecho, a la altura del corazón.
-Y entonces, ¿qué hago para dejar todo eso atrás?
-No lo entendéis, no podéis, simplemente. Es algo que siempre llevaréis ahí, que siempre echaréis de menos, sobre todo cuando estén lejos, así sucede con las cosas que de verdad importan.
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Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!
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