25 octubre 2011

Lluvia, tormentas y hojas amarillas que revolotean...

Este fin de semana ha decidido asomar su cara el invierno, diría que el otoño, pero aquí, en mi ciudad, otoño es sólo un atisbo de estación, una mera ilusión de pocos días, aún así, la encuentro fascinante y siempre ha sido así. No quiero pensar como me gustaría si conociera un otoño de verdad.

Como sea, el sábado decidí hacer una excursión y nos cayeron encima las que han sido las primeras gotas de lluvia en los últimos meses, unos cuatro. Eso hizo que el andurreo se acortara prematuramente, pero aún así lo pasamos bien. La próxima vez, sin duda, me aseguraré de que todos leen y siguen el correo electrónico con las instrucciones: chubasquero, ropa de abrigo, etc. Y fue genial sentir el agua caerme encima, sobre el cuerpo, sobre la cara... en plena naturaleza, entre una garganta de paredes afiladas y peligrosas, mientras avanzábamos por el lecho del río en ella. Y después más allá.

Pero fue al día siguiente, cuando llegó el momento en el que pude cerrar los ojos y, sentir, después de mucho tiempo, como el mundo gira, como todo se desplaza. De vuelta de la natación matutina nos cayó una lluvia brutal en intensidad, durante unos minutos. Un amigo y yo terminamos bajo el alero de un kiosko para resguardarnos un poco de las pesadas y heladas gotas: algunas dejaban trazas de escarcha sobre nuestra ropa. Cuando amainó un poco el agua, los rayos y los truenos, contiuamos el camino, unos pocos metros en verdad, hasta el portal de mi amigo. Allí nos separamos.

El trayecto hasta mi casa se hizo tan largo como corto. Pequeñas gotas continuaban descendiendo, frías. La temperatura en general descendía. Saqué mis cascos y seleccioné algo que escuchar en el MP3, la BSO de Tron Legacy. Sentía mis pies, fríos. Andé, sin preocuparme, escuchando la música, la lluvia. Mis pasos me llevaron a una plazoleta al lado de mi casa y allí me detuve, bajo la lluvia. Dejé que las gotas me cayeran mientras sonaba la música y oía el pequeño chapoteo del agua al caer. Pronto, en un instante, se escucharon varios truenos que parecían un instrumento más de la música. Los ojos cerrados durante ese momento. Un momento en el que todo se volvió infinito, lejano. Por unos segundos "estaba sólo" en el mundo y podía escuchar, más allá de mi música, de la lluvia, de los truenos; su canción.
¡Qué olvidada la tenía!

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

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