11 septiembre 2011

Cuentos (6)

<< ¡Silencio! ¡Silencio...! Eso está mejor. Si alguien me llena la jarra de vino os contaré una historia. Bien, bien, así está bastante llena. Ummm, que rico. Y ahora sí, la historia, pero prestad atención porque sólo os la contaré una vez, no me gusta repetirlas.

Todos conocéis seguro las paredes escarpadas de "Montañahalcón", aunque sea únicamente de ver su imponente silueta recortada contra el cielo. Y sabéis seguro que a ese pico hay quien lo llama el "Pico del Viento", pero estoy seguro de que ninguno sabe porqué allí soplan los vientos tan fuerte. Estaba seguro de que ninguno lo sabía, porque es una historia muy vieja, tan vieja, tan vieja que hasta yo empiezo a olvidarla y mira que soy viejo.

Nadie recordará que esta ciudad fea, vieja, pequeña y sucia en algún momento de su historia fue la capital del reino del "Rey Verde", sí, ese que se volvió loco y obligaba a la gente a pintar las casas de verde. Y por eso tiene nuestro ayuntamiento ese color, al igual que nuestra iglesia, porque son edificios viejos, demasiado viejos.

Pues oíd lo que pasó en aquellos tiempos. Aquel rey loco tenía una hija. Una preciosa hija de largos cabellos negros y sedosos, de dulces ojos verdes como las uvas maduras y unos labios que parecían una manzana de rojos que eran. Y su piel era tan blanca que se confundía con las primeras nieves. Sí, la princesa de cualquier cuento, pero ésta era de verdad y su nombre era Belisandra.

La hija del rey, primero fue, como todos, primero niña y luego mujer. Y fue en ese momento, cuando cumplió la edad por la que pasaba a ser una mujer, que el rey la envió lejos, más allá del mar, para que fuera desposada con el príncipe de un rey rival. Había sido aquel un pacto entre los dos reyes para sellar la paz, tras años de hostilidad. El "Rey Verde" debía entregar a su hija, que viajaría en el último barco que zarparía hacia el otro reino. Por eso después de enviar a Belisandre lejos, se hundieron todos los barcos del reino capaces de atravesar el mar y se prohibió la construcción de ningún barco. Y así, al contaros esto sabéis ahora porqué no se construyen barcos en estas tierras, pero eso no es nuestra historia.

Belisandre, la joven princesa, vendida por su padre obviamente no quería a aquel príncipe, no, su corazón pertenecía a un joven capitán de la guardia real, un hombre apuesto, de cabellos castaños y bien cortados y sobre cuyo rostro aún no empezaba a florecer una barba de verdad, pero que aún así era hermoso. Y también sus ojos del marrón dorado de la miel. El joven capitán intentó en vano lograr pasaje en el barco que zarparía con la princesa, pero fue imposible.

Desesperado vagó por todo el reino e incluso más allá, intentando encontrar un navío que le llevara hasta donde ahora estaba su amada, pero fue inútil. No había barcos en estas tierras y nadie se atrevía a construir ninguno. En un día en el cual su desesperación por la pérdida y la pena eran tan grandes que casi se quitó la vida, se cruzó con una anciana que le dijo que debía implorar el favor de los dioses. Y que para ello debía de alcanzar el cielo.

Para el joven capitán sólo conocía un lugar que pudiera estar tan cerca del cielo como para hablar con los dioses, sí, todos lo estáis pensando, Montañahalcón y su pico, que en aquel entonces no tenía nombre. Aunque era invierno y el hielo y la nieve cubrían toda la montaña, preparó su equipo y ascendió. Fueron siete días en los que estuvo a punto de morir varias veces, pero se negaba a hacerlo, tenía que conseguir hablar con los dioses. Al fin alcanzó la cima del pico. Era de noche, y sólo la luna llena era testigo de su proeza.

El joven capitán, más muerto que vivo, casi congelado, aspiró aquel aire gélido para poder gritar a los dioses.

<< He llegado hasta aquí, casi puedo tocar el cielo. ¡Oh dioses! Permitidme ver una vez más a mi amada. >>

Vociferó lo mismo tantas veces como pudo y al final, cayó rendido al suelo.

Apenas sentía su cuerpo y la nieve se acumulaba sobre él, cuando escuchó una voz que venía de ninguna parte y le decía:
<< Si quieres ver a tu amada Belisandra, salta, arrójate al vacío. >>
Abrió los ojos, inseguro de si había oído o no aquella voz y, con un esfuerzo increíble logró incorporarse. Su mente se llenó de vértigo cuando sus ojos miraron el vacío infinito que se abría bajo sus pies. Saltar era precipitarse a la muerte segura, pero aún así lo hizo.

Al principio cayó y cayó. El tiempo duró parecía que duraría para siempre y que jamás podría alcanzar el final. Cuando ya creía que su único destino sería aplastarse contra un suelo que aún no veía, el viento comenzó a soplar, a soplar y soplar. Tanto que empezó a subir hacia arriba. Impulsado por el viento cada vez subía más y más. Al final subió más que el pico, que primero se convirtió en algo minúsculo y después desapareció. Así, llevado por un vendaval terrible, el capitán alcanzó el otro lado del mar. Y según cuentan, se escapó con la princesa.

Y es por eso que aún hoy día, los vientos soplan allí con tanta fuerza, esperando a otros amantes a los que reunir con su fuerza. Y desde entonces el pico de Montañahalcón se llama "El Pico del Viento". Así que ya sabéis, si vuestro amor está lejos el viento podría llevaros, pero atención, sólo si es puro y verdadero, en otro caso sólo os espera la muerte...
>>

07 septiembre 2011

Filosofando...

Nadie tiene la razón absoluta, ya sea uno o muchos, ya que, si la razón se convierte en absoluta, entonces, deja de ser razón para transformarse en otra cosa.

04 septiembre 2011

Fraseando...

Si hoy la muerte viniera a buscarme y me concediera un último aliento, lo usuaria para decirte...

03 septiembre 2011

Cuentos (5)

¿Habéis oído hablar alguna vez de "Azad Esmail Gulzar"? ¿No? No me extraña, pues su nombre ha permanecido olvidado durante más de dos mil años. Se dice que era un escriba, experto en la avesta, el libro religioso de los persas, así que todos suponen que era persa, pero yo no lo aseguraría. Lo cierto es que era un alquimista

Un rey, deseoso por conocer sus secretos lo persiguió por todos los confines del mundo hasta que por fin lo atrapó, muy lejos de sus tierras, en otro país lejano. Y para sorprenderos aún más el lugar fue aqui mismo. Sí, aqui lo atrapó y lo encerró en la torre de la desesperanza. Aún hoy día se pueden encontrar las ruinas de esta torre oculta en lo alto de las montañas.

En esa torre lo encerró, rodeado de guardias, sin comida, sin agua, para que muriera o le revelara sus secretos. Azad Esmail Gulzar no estaba dispuesto a dejarse doblegar, así que pasaron los días y nada. El rey quería los secretos del alquimista así que permitió que le mojaran la boca con un paño húmedo para que no muriera demasiado deprisa por la sed. Para aquella tarea empeñó a una joven mujer a la que cortó la lengua y perforó los oídos para que no pudiera ni hablar ni oír lo que el alquimista pudiera decirle.

Así mantuvo el rey a Azad Esmail Gulzar vivo durante más de un mes, pero el hombre seguía sin revelar sus secretos. Desesperado y furioso le dio hasta el amanecer del siguiente día o si no moriría y no sólo él, sino también la muchacha tullida que le atendía y a la que había ganado afecto.

Temeroso por su vida Azad Esmail Gulzar aceptó revelarle sus secretos al rey a media noche, pero tendría que perdonarles la vida a ambos. El rey, satisfecho, convocó una gran fiesta en la torre, no se atrevía a mover al alquimista, casi moribundo por las penurias.

Durante la fiesta, cuando se acercaba la hora de revelar el secreto, el alquimista, encadenado de pies y manos, pidió, sediento, una jarra de agua.

Cuando se la trajeron comenzó a beber, ávido. Al terminarla, se irguió, miró al rey y éste se asustó. En los ojos de Azad Esmail Gulzar había algo que le hizo sentir el miedo. Rápidamente mandó a sus guardias que lo mataran. Uno de los hombres del rey lanzó su lanza contra el pecho de Azad Esmail Gulzar, pero ésta lo atravesó, como si hubiera caído al agua. Azad Esmail Gulzar comenzó a reírse y su cuerpo pareció fundirse: se estaba transformando en agua. Pronto quedó libre de los grilletes que cayeron al suelo con un sonido metálico.

La masa líquida en la que se había convertido el alquimista Azad Esmail Gulzar, empezó a crecer. Pronto llegó a superar el volumen de la sala y empezó a salir por puertas y ventanas. La presión del agua, que era Azad Esmail Gulzar y que parecía crecer sin fin, pronto acabó con la torre y se lanzó en una carrera montaña abajo.

El cuerpo de Azad Esmail Gulzar, convertido en agua siguió avanzando, bajando, escapando de su prisión y al fin, llegó al mar.

El rey y todos sus hombres murieron ahogados, pero la muchacha fue salvada. Según dicen Azad Esmail Gulzar, la dejó en un pueblo de pescadores antes de hacerse a la mar para regresar a su tierra natal.

Y así es como nació el Rompepiedras, que pasa por esta misma villa y del que se dice que jamás podrá ser detenido o apresado. Pues todos sabéis que cada vez que se ha intentado embalsar el dique se rompe hecho pedazos. Y hoy, ya sabéis porqué, pues la voluntad Azad Esmail Gulzar de la que nació el río aún está en él...

02 septiembre 2011

Metafóricamente pensando...

Hace ya bastante tiempo que no escribo sobre el cambio o, la inexistencia de él, cosa que en realidad da nombre a este blog, así que hoy, voy a hacerlo.

Aunque podría decir que la reflexión me llegó ayer, sería un poco mentira, ya que más bien digamos, que ayer fue cuando alcancé "el fin del camino", la idea sobre la que llevaba pensando un tiempo.

Si miro atrás he de reconocer que he cambiado, que los que me rodean también lo han hecho y que, estos cambios no son producidos más que por las interacciones entre nuestro yo interior y lo que nos toca de fuera. O sea, que los demás nos cambian y nosotros a ellos.

Pero entonces el cambio sí que existe, pensaréis. Y yo digo que no, pero es un "no, con un sí, igual que ocurre en la espiral". Imaginad lo que he dicho del cambio como si la persona fuera una madera (diría que esta idea ya la he visto, así que no es realmente mía) una madera sin forma, la cual va ganando surcos, rayas, líneas, trozos que se quitan... Combinándose todo esto, para crear una figura, una imagen. Y que esas herramientas que trabajan la madera son las personas. Así, cada nuevo surco será un cambio en la talla, pero aún así, por mucho que cambie, la madera, será eso, madera.

Y todo esto viene a que hay momentos en los que te das cuánto te "ha tallado"una persona. Aunque no es sólo eso, sino que también ves los "surcos" que ha dejado en otras, o que crees que se corresponden con "ese artista"...

Entre las almenas...

<< Es una pena. >>
Comentó Sir Egan con una jarra de cerveza en la mano, asomándose por entre una de las almenas y mirando al patio abajo.
<< ¿Por qué decís eso? >>
Preguntó extrañado Sir Eiron.
<< Simplemente, porque no reconoce su valía.>>
<< ¡Ah! Os referís al príncipe.>>
<< No, en absoluto, a su hermana.>>
<< Bueno, en ese caso, creo que sería peligroso si lo hiciera.>>
<< ¿Sí?>>
<< Sí, Sir Egan, ¿no lo creéis así?>>
<< Lo cierto es que lo creo, pero aún así es una pena.>>
<< Bueno, tal vez algún día lo haga.>>
Rió a carcajadas Sir Egan y cuando se calmó volvió a hablar. Parte de la cerveza caía hacia el suelo.
<< Y entonces sabremos si es peligroso o símplemente algo útil.>>
<< Os habéis preguntado si no pudiera ser que ya es consciente de ello.>>
<< Lo cierto es que sí, pero creo estar seguro de que no lo ha hecho.>>
<< Ya. Y si lo ha hecho se niega a reconocerlo.>>
<< Sí, lo que le resta potencial. >>
<< Creo que deberíamos ir bajando al patio. Son muchos escalones y nos deben de estar esperando ya.>>
<< ¡Cómo odio estas reuniones!>>

<< No soís el único, eso os lo puedo asegurar.>>

01 septiembre 2011

Cuentos (4)

Dicen que todo tiene su historia, que cada nombre significa algo, aún cuando no lo sabemos. Y algo de verdad debe de haber en todo esto, ¿por qué si no los alquimistas y magos daban tanta importancia al nombre de las cosas? Decían que conocer el nombre de algo te daba poder sobre ello. Como sea, esta historia no irá de magos, no, pero sí de nombres.

He oído esta historia contarse en muchos sitios y todas empezaban así:

"Ocurrió hace mucho tiempo, tanto que recordar el dónde es imposible. Hay quién dice que fue en un pueblecito de la Alemania antes de los romanos, otros que fue en Egipto y algunos que en China antes de que construyeran su Gran Muralla; pero aunque nadie sepa dónde fue realmente todo esto, todos cuentan que empezó una noche de luna llena.

Las estrellas apenas se veían aquella noche por la luz de la pálida luna que observaba, como testigo mudo, el encuentro de dos amantes bajo un frondoso manzano. Él, vestía un traje negro, ella, un vestido largo y blanco como la perla. El joven llevaba en la mano una carta con el sello roto. Entre lágrimas se la entregó a la joven que leyó bajo la pálida luz de luna. Cuando terminó en sus ojos también había llanto. Las lágrimas que caían por sus rostros parecían gotas de plata salada.

Se abrazaron, se besaron y se amaron con pasión, con toda su alma, aquella noche. Y al amanecer se despidieron entre besos y abrazos.
-¡No me olvides!-dijo él mientras montaba su caballo que había estado pastando durante la noche por el prado donde nacía aquel manzano.
-¡Nunca!-contestó ella llevándose la mano al pecho.-Ni tú a mi.
-¡Jamás!-afirmó él llevándo la mano a los labios de ella, acariciándolos.

El caballo se alejó al galope con su jinete, que al igual que la mujer que veía como se alejaban, lloraba. Su rey había llamado a los hombres a la guerra. ¡A la maldita guerra!

Pasaba el tiempo y no había noticias del joven. El tiempo primero fueron, semanas, luego meses y por último años. La que había sido una muchacha que se despidiera de su amor ante un manzano ya era una mujer.Una, que cada mañana se asomaba al cristal de la ventana de su habitación con la esperanza de recibir alguna noticia, pero nada.

Al final la guerra acabó y el joven no regresó y nadie sabía nada de él. Había quien decía que el enemigo lo había capturado, otros que había muerto, algunos que se había fugado con la hija del rey enemigo, pero como fuera, nadie era capaz de decir si estaba vivo o muerto.

Con aquellas noticias el corazón de la mujer se hizo pedazos, añicos, quedó roto sin remedio y cayó enferma. Fue una semana lo que tardó la muerte en reclamarla. Una semana en la que su mirada sólo veía a través de la ventana.

Era invierno cuando la enterraron, entre penas y lágrimas, bajo la nieve.

El frío de la primera estación del año terminó poco a poco. La nieve comenzaba a fundirse hasta desaparecer y poco a poco, la tierra despertaba cubriéndose de verde hierba y adornándose con cientos flores de miles de colores.

Con aquel despertar que traía esperanza el rey que se había llevado a tantos hombres a la guerra durante años, organizó una fiesta para todo el reino, una fiesta por la victoria y por la nueva vida.

Aquella fiesta implicaba que su majestad viajara por todo su reino. Y fue así como la comitiva real, formada por consejeros, duques, barones, los hijos del rey, un príncipe y una princesa tan hermosos como el sol, y muchos otros, llegaron a la villa de los amantes. Aquellos hombres tan ricos paseaban sobre la calle de piedra flanqueados por sus vasallos cuando el príncipe se fijó en las flores que llevaba una mujer en el pelo, unas pequeñas florecillas de tonos violáceos y azules. Se acercó a ella y le preguntó que de dónde había cogido aquellas flores. La mujer, entre lágrimas, le contestó que en la tumba de su hija.

El príncipe, conmovido, hizo que lo llevaran hasta aquella tumba donde nacían aquellas flores.

Cuando llegaron, el príncipe se arrodilló, tocó la tierra y cogió una de las florecillas. La olió y miró a la mujer que estaba tras él.
-¿Cuál es la historia de vuestra hija?-preguntó dulcemente.
La mujer le contestó entre sollozos.
-Su amor fue a la guerra y nunca regresó, por eso murió, de pena.
-¿Y qué fue de aquel a quién amaba?
-Nadie lo sabe, hay quién dice que murió, otros que fue hecho prisionero, y otros, que se fue con otra mujer, olvidándo a mi hija.
-No, eso no, él murió en batalla y no olvidó a su amor, jamás.-afirmó el príncipe casi también con lágrimas en los ojos. La mujer lo miró confuda.
-¿Cómo podéis saber eso si no los conociáis, ni a él, ni a mi hija?
-Es cierto buena mujer, pero sólo he visto estas flores una vez en mi vida y hasta aquel momento, nunca antes las había conocido y sobre plantas y flores os aseguro que conozco todas las de este reino y muchas del resto del mundo. Hoy, las he visto por segunda vez. Esas flores, mujer, nacieron porque dos corazones jamás olvidaron el amor que sentían, ni aún después de la muerte. Esas flores son la promesa de "nomeolvides".

FIN


Dedicado a...

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

Geo-Mapa...

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