04 enero 2012

Pensando, pensando...

Le he dado muchas vueltas, en verdad desde hace un año casi exactamente (incluso más) a lo que voy a hacer. Que no es ni más ni menos que "paralizar ciclos y espirales". Desconozco si la parálisis tornará en la muerte y desaparición del blog o, si simplemente será un periodo de aletargamiento. ¿Cuánto durará esto? No lo sé.Digamos que hasta que decida si quiero retomarlo o abandonarlo por completo.

Han sido unos cuantos años de andadura, en los que el blog ha dado muchos giros, como corresponde a los ciclos y las espirales, pero a día de hoy ha perdido por completo su sentido, o ha cambiado tanto que su identidad se ha convertido en otra cosa y ya no es necesario.

De hecho, el origen de este blog, no me había dado cuenta de la ironía, comenzó un julio de hace ya, 7 años. Era el 2005... Qué lejos queda ya. Y cuando digo el origen me refiero a las circunstancias internas que me llevaron a abrirlo y a escribir aquí. Fue un impulso leve, ya que 2005 y 2006 no pueden considerarse ni pinceladas. Digamos el "impulso inicial", las llamas que inician un fuego. Y eso se convirtió, poco a poco, en una llama que me llevó a escribir con bastante frecuencia... Comenzaba el párrafo hablando de ironía porque ese motivo que llevó al origen, cesó por completo de existir también un mes de julio, en este caso el 4 de 2008 para ser realmente exactos.

Hablando de estos orígenes, pensando sobre ellos, me he dado cuenta de que, como dijera Einstein: "si quieres resultados diferentes, debes hacer las cosas de forma diferente" (Al menos yo tengo entendido que fue Einstein quien dijo eso) y eso implica, entre otras muchas cosas, "olvidar el blog". El cambio podría ser simplemente dejar de escribir sobre el origen, pero me he dado cuenta de que eso no es posible, de que eso, es sólo un barnizado o una capa de pintura que intenta tapar los desperfectos. Y no un cambio.

Y no sólo eso, sino que antes este espacio inexistente, este espacio virtual, me servía "egoistamente" a un propósito liberador. Hoy ya no cumple esa función y, no tendría porqué volver a cumplirarla.

Podría dar mil explicaciones más, ya sabéis que no soy especialmente dado a la brevedad, pero no lo haré. Ya he dado la más importante y aclarado el porqué, además, de estar completamente seguro de que no es "un cierre" impetuoso por algún tipo de ánimo alterado y pasajero, sino que es algo que llevo rumiando al menos, un año completo.

Tal vez sería "romantico" darle fin en el mismo mes que nació, pero también me parece poético que lo que "naciera" un verano, "muera" un invierno.

Desde hoy no publicaré más aquí(en un tiempo "n" indefinido), salvo para:
-Informar del "despertar", en cuyo caso se negaría ese "no" desapareciendo.
-Informar de la "muerte total" (en cuyo caso todo lo aquí publicado desaparecerá "para siempre")
-Informar de cualesquier otro lugar donde lleve mis palabras (pero con un origen diferente) dígase, otro blog.

Y creo que eso es todo, exceptuando el final, porque lo mejor hay que dejarlo para el final... Agradeceros a todos los que os habéis pasado por aquí con asiduidad, el tiempo compartido con vuestros comentarios. Ha sido un placer que me leáis.

Así pues, esto no es una despedida, sólo un "hasta luego", ya que, o nos encontraremos antes o después en el mismo camino o en otro diferente, pero nos encontraremos.

Un saludo y un abrazo.

(Porque todo tiene su final... Aunque en verdad y, demostrado, no todo)

03 enero 2012

Meditabundeando...

Me surge en ocasiones el dilema de si merece la pena saltarse la forma en la que uno está convencido que éstas deben hacerse, porque así es como quiere y necesita que se hagan, en pos del deseo y la necesidad de querer que se hagan, pero entonces, cómo justificar una larga espera para alcanzar ese cómo ¿De qué manera se puede evaluar si es más importante el cómo que el qué? ¿Lo pasivo que lo activo o, viceversa? ¿Cómo conseguir separar algo que, en realidad, entiendes como un único núcleo? Y lo peor de todo, es que da la impresión de que será imposible que ambas cosas, únicas y separadas, pero a la vez atómicas, puedan converger. ¿Y cómo vencer a esa sensación de que todas aquellas decisiones que se tomaron fueron las equivocadas porque fueron las que llevaron hasta ese punto?

13 diciembre 2011

Audiocuento... Improvisado

Esto ha sido una prueba de cuento improvisado, contado del tirón y como iba saliendo. De hecho slvo quitarle el ruído "blanco", no le he hecho nada más, por eso que se oigan los cortes del encendido y el apagado del micro. Espero que os guste.

09 diciembre 2011

Pensando...

Ayer me llegaba un correo electrónico de un compañero de trabajo con el siguiente enlace: http://www.escuelasinwifi.org/index.html leyendo por encima no pude evitar acordarme de la entrada que leí hace ya unos meses en un blog. El tono de la misma me gustó bastante e iba sobre el tema de las radiaciones de móviles y demás "paranoias" mediáticas, por lo que hay cierta "concordancia", o por lo menos hay una "base común", con el tema.

Como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo, las noticias se dan de forma alarmista o, no se dan, o se dan pero sesgadas. Leed lo que se dice en ambos sitios y pensad un poco sobre el tema.

A mi la sensación que se me queda es un poco de "¿Y entonces a quién creo?". Pues ahí, amigos míos, reside el "quid" de la cuestión y es que es tan fácil informar que la información en sí misma se ha convertido en una herramienta de desinformación. ¡Qué molón queda esto!

De todo esto lo único que concluyo es que hay a quien le gusta "alarmar" y "tergiversar" y que "organismos oficiales" como puede ser la OMS (Organización Mundial de la Salud) tiene como que poca validez, porque eso de "lo ponemos aqui porque no hay pruebas concluyentes..." me suena a una falta de seriedad que no veas, ya que lo siguiente que me viene a la mente es "ni las vamos a hacer, sea que descubramos algo (o nada) y nos cuelguen por ello.  Pero vamos, que a mi no es la primera vez que me suena lo de la OMS a "tontás". Y hablo del Instituto, cuando leí la definición de Salud por la OMS:  

La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. 

No pude dejar de pensar: "pues entonces con salud debe de haber muy pocas personas en el mundo... Porque eso de completo me suena a demasiado". 
Como sea, no es mi intención, criticar ni menospreciar a la OMS ni ningún otro organismo. Sólo reflejar el hecho de que a estas alturas de la película cuesta un  montón "creer" o "confiar" en alguien. 

Se habla muchísimo de los efectos cancerígenos producidos por la contaminación electromagnética, pero hay otros muchos tipos de contaminaciones que, desgraciadamente y en mi opnión de observador y de aplicador de la lógica, ya que ni soy médico, ni biologo ni nada por el estilo, también afectan al ser humano y su salud y, nadie dice nada. Supongo que porque no es tan "mediático". Por ejemplo, la contaminación acústica que hay en las grandes ciudades. Y es que en según qué sitios resulta muy difícil descansar por las noches por ruídos y la falta de descanso tiene asociadas muchas patologías también. Y no hablemos ya de las emisiones de fábricas y vehículos...


Tal y como hablo parece que la única solución sea volvernos a la edad de piedra para poder estar libres de todos los pelígros que nos acechan, pero tampoco es eso. Bastaría, simplemente con que valiera más la vida humana que los pingües beneficios, fueran los que fueran, pero en ese caso, desgraciadamente, viviríamos en otro mundo o, puede que incluso, otro Universo. Aunque me voy a permitir que sólo sería cuestión de vivir en un futuro muy muy lejano.


Como sea, no queda más remedio que leer, leer y leer, para intentar sacar algo medianamente veraz de entre toda la maraña de basura que nos sueltan ya sean los "pro y los contra".

06 diciembre 2011

  La pluma de pavo reflejó la luz del pequeño farol que iluminaba el escritorio y emitió algunos destellos verdiazulados. Despacio, con mucho mimo, mojó la punta en el tintero para continuar escribiendo. Aspiró hondo mientras miraba sus trazos, su pulso ya no era como antes. Mojó de nuevo y miró de reojo la luz rutilante, encerrada entre cristales. Se quedó un momento con la vista fija en la llama, pensativo, y, después, prosiguió. Dejó la pluma sobre la mesa, a un lado de los folios, sopló sobre la tinta y se ajustó las lentes antes de empezar a leer lo último que había escrito:
Partida y adiós. La Comarca, después de que Frodo Bolsón la rescatara. Los amigos que se fueron. Los amigos que se quedaron.


Por Samsagaz Gamyi

  Sonrió satisfecho y cerró lentamente el libro. Aspiró el aroma de la piel roja de las tapas que mantenían aquella encuadernación y la acarició con una mano, despacio. El cuero rojo había perdido tras los años el brillo, pero ahora tenía un aspecto regio, sabio. Sin saber porqué lo abrió de nuevo y hojeó despacio. Allí estaba la letra errabunda de Bilbo y la escritura apretada y fluida de Frodo, y ahora, también la suya, aunque no había conseguido que fuera una letra tan bonita como la de aquellos dos. Sus ojos reposaron sobre el alféizar de la ventana, abierta para dejar entrar el frescor de las últimas noches de verano, y su mente vagó al pasado. Allí, también una noche, se podía decir que había comenzado su viaje cuando escuchó, a escondidas, la conversación entre el señor Frodo y Gandalf. Se dio cuenta de lo lejos que quedaba todo aquello y se preguntó por sus amigos, como había hecho cada noche en los últimos cinco años, desde que retomara la escritura de aquel libro que le dejara Frodo antes de marcharse. Había vuelto a escribir tras la muerte de su esposa Rosita. Una lágrima se derramó por su mejilla al recordar a su amada esposa.


   Los gallos comenzaron a cantar poco antes del alba, aunque ya hacía mucho rato que estaba despierto. En verdad no había pegado ojo en toda la noche. A los pies de la cama reposaba una mochila preparada para el viaje.

  El sol brillaba con intensidad entre las montañas, antes de dejarse ver por completo y el aire matutino aún tenía cierto frescor. Salió despacio, con su mochila al hombro y cerró la puerta de Bolsón Cerrado. En vez de tomar el camino principal se dirigió a la parte de atrás, donde había un magnífico jardín lleno de árboles gigantescos con hojas de un verde plateado increíble, el regalo de Galadriel a Sam, hacía ya también, demasiado tiempo. Aspiró con fuerza y la fragancia evocó aún más recuerdos. Avanzó, despacio, hasta las nudosas y enormes raíces de uno de los gigantescos árboles y depositó, sobre un pequeño montículo de tierra con una pequeña losa de piedra encima, una enorme rosa roja y espléndida. En la piedra, tallada, podía leerse la siguiente inscripción: “Mi preciosa Rosita”. Después de eso se dirigió a un palomar y tomó dos fuertes y jóvenes ejemplares, a los que ató dos pequeños mensajes en las patas. En uno de ellos podía leerse Gimli y en el otro Aragorn. Miró como las dos aves seguían juntas un trecho del vuelo y después se separaban, perdiéndose por completo de vista. Dejó la portezuela abierta para que el resto de aves pudieran salir si asó lo deseaban. Miró una última vez a su jardín, a Bolsón Cerrado y a la Comarca, antes de comenzar a caminar sin ya mirar de nuevo atrás.

  Hacía más de una semana que dejara atrás Bolsón Cerrado, no pudo evitar preguntarse si alguno de sus hijos o nietos abría notado ya su ausencia y si habrían preparado una cuadrilla para salir en su búsqueda. Sonrió con melancolía mientras se sentaba bajo la sombra de una frondosa higuera. La mochila la dejó a un lado y el grueso bastón de roble con el que se ayudaba para andar, al otro. Tras descansar un rato, comenzó a preparar el fuego para cocinar un conejo que había cazado poco antes del amanecer.

  El olorcillo de la carne asada aún estaba en el aire y Sam se encontraba recostado contra el tronco, medio dormido, mientras reposaba la comida, cuando le pareció escuchar una voz profunda y alegre que cantaba: ¡Hola, dol! ¡Feliz, dol! ¡Toca un don diló…! Se incorporó, tan rápido como se lo permitieron sus viejos huesos, con el corazón acelerado, y miró a su alrededor. Al cabo de unos minutos meneó la cabeza con melancolía, mientras pensaba que su memoria le había jugado una mala pasado, ya que por un momento habría jurado haber oído la voz de Tom Bombadil cantando aquella canción, cuando viajaba junto al señor Frodo, Merry y Pippin, por el Bosque Viejo, al comienzo de todo y no eran más que cuatro hobbits asustados. Al recordar aquello se sintió tan viejo como era. Había pasado tanto tiempo que todo lo ocurrido empezaba ya a ser una historia, un cuento. Un cuento. Se dijo mientras sonreía pensando que era lo mejor que podía pasar, que todo aquello se convirtiera, simplemente, en una historia para contar a los niños y los no tan niños.

   Sam miró a su alrededor, a través de aquellas dos lentes de cristal que le ayudaban a ver ahora que su vista estaba mermada por la edad, y vio como las hojas comenzaban a amarillear en algunos árboles y como, poco a poco, en el suelo empezaba a tejerse ya aquel manto crujiente de marrones, ocres y rojos.

   El olor a sal le llegó a la nariz y sintió sobre su cara algunas gotas de agua. Sam se estiró y se esforzó por mirar adelante. Allí, ante él, estaban los Puertos Grises, semiocultos por la bruma. Al fin había llegado.

   La arena estaba fría aquella mañana de veintidós de Septiembre. Sam miró al agua y más allá, al horizonte, esperando ver las velas de algún navío pero no vio nada. Sintió que el corazón le daba un vuelco.

   Las horas pasaban y el sol cada vez estaba más cerca de dejar paso a la noche y sobre el agua no se vislumbraba ninguna nave. Suspiró mientras unas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Desde que había muerto Rosita sabía que algún día tendría que ir a los Puertos, lo sentía en sus huesos, en su alma, y allí se encontraría con Frodo, con Bilbo, incluso con Gandalf; pero ahora temía estar equivocado.

   Un suave toque en el hombro lo despertó. Sam abrió y cerró varias veces los ojos, adormilado, y se puso los anteojos. Ante él había alguien y tras la figura, se veían algunas luces y otras figuras. El rostro de Sam, lleno de arrugas por la edad, esbozó una amplia sonrisa e intentó hablar, pero no podía, las emociones se habían atorado en su garganta.
-Hola Sam-la voz era la del señor Frodo, que estaba igual de delgado que la última vez que lo viera, pero en su rostro ya no había atisbo de dolor, sólo se apreciaba una enorme paz.

-¡Señor Frodo!-consiguió articular mientras ambos se abrazaban entre lágrimas de alegría por aquel reencuentro.
- Maese Samsagaz,-se escuchó una voz grave a la vez que alegre, tras ellos.- ¿sólo pensáis saludar a Frodo?
Sam abrió los ojos de par en par, allí estaba también Gandalf, vestido de blanco, con su bastón del que salía una luz azulada.
-Lo sabía, sabía que tenía que venir y volver a veros.
-Feliz encuentro entonces.-bramó entre carcajadas Gandalf mientras tomaba entre los brazos a Sam con alegría.
-¿Y Bilbo?-preguntó.
-Te espera en la nave.-afirmó Frodo.
-¿Entonces puedo ir con vosotros?
-Así es, Sam, ha llegado el momento.
-Terminé el libro, Señor Frodo.
-Lo sé, Sam, lo sé Y ahora, vamos, hay tanto que tienes que contarnos.



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Este cuento lo escribí hace unos días con la intención de presentarlo a un concurso, cuyo tema era la mitología de Tolkien, había que basarse en sus obras de alguna manera, desarrollar los acontecimientos en esa Tierra Media. Y eso hice, pero se me pasó el plazo, porque últimamente tengo la sesera no sé dónde. Así que aprovecho para compartirla con vosotros desde ya. El porqué he escrito esto va más allá de ese concurso. Siempre me pregunté si Sam viajaría o no al otro lado del mar por haber sido portador del anillo y, dado que es mi personaje favorito de El Señor de los Anillos (el libro, que no las películas) me parecía adecuado y autosatisfactorio dedicarle estas líneas al personaje, al señor JRR. Tolkien y a mi mismo. Espero que la hayáis disfrutado.

02 diciembre 2011

Historias cortas (I)

¿Cuánto tardé en darme cuenta de quién era Hugo realmente? ¿Y de lo que era? Demasiado, pero ahora que lo sé es un conocimiento vacío y maldito. Satisfacer aquella curiosidad sólo nos trajo a ambos desesperación. A él lo exiliaron, lejos de lo que era, y a mi me condenaron a sueños que en verdad no son sueños. Y es que, aunque la mayoría lo desconozcamos, existen seres que se hacen pasar por personas, y los hay de muchos tipos: en concreto, Hugo era un moldeasueños. Y estos son, en verdad, muy celosos de su secreto, tanto, que si un moldeasueños es descubierto es arrojado al limbo y la persona que lo descubrió, condenada. Y lo provoqué al indagar, intrigado por el misterio que rodeaba a Hugo. Ahora, sólo espero que la condena no sea para siempre y algún día vuelvan mis sueños-sueños y Hugo pueda dar de nuevo formas oníricas a las personas.

Mientras tanto, me arrojo a la cama con miedo, porque ya sé cual será mi sueño sin sueño.Ya lo sé...

29 noviembre 2011

Sir Walton

"Y cada día te das cuenta de lo perfectamente que habría encajado ahí, ¿no crees?"-preguntó Sir Walton a Abrahm Elmore que miraba un pequeño espacio en la habitación. Se limitó a asentir, en una respuesta silenciosa.

25 noviembre 2011

Cuentos 12 (El Cuenta-Cuentos y la Princesa I)

Esta historia va a ser contada en pequeños capítulos. A continuación tenéis el que será el primero. Espero que os guste.

Edgard Hakemberg era un joven contador de historias, un juglar de la ciudad de Grauburg y, en resumen, un don nadie a pesar de que no podía quejarse de que las cosas le fueran mal, mal en absoluto. De hecho, en la corte era bastante apreciado, pero no tenía linaje, no tenía familia, no tenía nombre, así que para aquellos nobles no era más que un objeto de diversión en los grandes banquetes, en las grandes fiestas... Pero no para todos era así.

Elberet, hija del rey Etuarnos II de los Brisamar, amos de Grauburg y las tierras del este, siempre le trataba con dulzura, le miraba como si estuviera allí otra persona y le sonreía con franca alegría. Nunca habían hablado, nunca jamás, salvo por lo que se decían por medio de las miradas, hasta aquella noche bajo "el árbol de rosas" del jardín del palacio de Grauburg. Allí se confesaron, por vez primera, por medio de sus labios, su mutuo amor. Y a la palabras siguieron besos dulces y caricias cálidas.

Pasó un mes desde que Elberet y Edgard se confesaran aquel amor imposible, desde aquella primera vez de besos y caricias, hasta que el rey decidiera que había llegado la hora de casar a su hija. Para averiguar quien era digno de la mano de su hermosa hija propuso que a partir de aquel día, durante todo un año,todo hombre que se considerara digno de la mano de la princesa, debía llevar ante el rey una proeza tal que conmoviera a toda la corte.

Aquella noticia causó amargas lágrimas en los dos amantes. ¿Qué podría hacer Edgard, el cuenta cuentos, el contador de historias? Una semana después del anuncio del rey se despidió de Elberet entre lágrimas y partió en busca de una hazaña que le hiciera digno de la mano de la princesa.

Un mes después de abandonar Grauburg se encontraba en una posada, deprimido porque no encontraba nada que hacer que pudiera producir aquello que el rey deseaba, cuando escuchó a unos tertulianos hablar sobre una bestia de ojos brillantes que atacaba durante la noche y se comía las ovejas. Se informó donde era aquello y encaminó sus pasos hacia allí, sin preocuparse de su poca pericia con las armas, dispuesto a derrotar a la bestia si era necesario con sus propias manos. Pero cuando llego a la aldea indicada por los hombres de la taberna se encontró con que la terrible bestia no era más que un enorme lobo y que el brillo de los ojos era símplemente producido por el reflejo de la luna sobre los del animal. Cuando se dió cuenta de esto en un intento de cacería ideó la forma, por medio de una trampa de atrapar a la bestia, ya que los aldeanos, llenos de supersticiones no se atrevían a adentrarse en el bosque para acabar con la "temible criatura" que se comía sus animables. La estratagema de Edgard tuvo éxito y el lobo gigante cayó en la trampa. En el fondo del agujero se revolvía, aullaba de desesperación, e intentaba salir, pero era imposible. Cansado por la tensión de la caza, Edgard decidió esperar al alba antes de ir en busca de los aldeanos y enseñarles a aquella criatura que tanto los había asustado.

Los hombres de la aldea no dieron tregua al animal atrapado y lo mataron. Edgard no pudo hacer nada por evitarlo. Con los ojos cargados de lágrimas, se marchó de allí, triste por el lobo y porque no había conseguido su historia. Los rumores no habían resultado más que ser humo. Y sólo le quedaban once meses.

15 noviembre 2011

Diario

El almirante Karel Ereis, noveno de la flota de Tirarlank se sentó sobre el butacón de cuero viejo en su camarote. Con un gesto invocó el holograbador y comenzó una nueva entrada en su diario personal.

En mi vida he tenido pocas cosas claras y jamás habría imaginado que, una de las que para mi es así, pase lo que pase, una de las que más convencido estoy, fuera a ser un problema...

Aquella fue la última anotación.

Información al Navegante:

Quiero pedir al lector que pueda visitarme arrastrado por la fuerza de la espiral, que cuando lea algo en este blog sea consciente de que muchas entradas son escritas rápidamente y no realizo sobre ellas un minucioso examen de corrección ortográfica o gramátical. Aunque sin duda intento, dentro de lo posible, escribir sin errores de este tipo. Por ello estaré muy agradecido a todo aquel que se tome la molestia de indicarme cuando ha detectado algún fallo y también le pido, que por favor, no tome nada de lo que aquí se lea como lo correcto. Muchas gracias y ahora: ¡Disfruta perdiéndote entre Espirales!

Geo-Mapa...

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